Nichijou, un slice of life de los de toda la vida, pero mejor

KyoAni se olvida del moe y da un paso hacia el humor más desternillante y absurdo.

Nichijou es la última apuesta de KyoAni, un estudio al que siempre le sale bien la jugada, aunque sea haciendo las cosas mal. No es el caso; KyoAni ha hecho con Nichijou uno de sus mejores trabajos, adaptando un slice of life con tintes Azumangueros a un formato en el que puedes triunfar o tragártela doblada.

Pequeñas cápsulas llenas de gags que se suceden entramando una historia que carece de ninguna complicación, al más puro estilo de Lucky Star o de la propia Azumanga. Pero a diferencia de estas series, Nichijou nos ofrece un humor actual, bebiendo de un absurdo más arraigado en Mitsudomoe.

Con personajes de personalidades totalmente distintas, Nichijou entrelaza varias historias que parten de una misma base, pero que se desarrollan en lugares diferentes. Claro está, la vida de instituto es el pilar fundamental de la serie, protagonizada por tres estudiantes de carácteres opuestos que se baten en su día a día por los quehaceres de su vida. Luego están sus compañeros de clase e instituto, tanto o más excéntricos que ellas, cerrando el “cerco estudiantil” de Nichijou.

En el otro costado de la serie tenemos el toque fantástico que aporta algo de frescura a la historia, con una niña genio de escasa edad que convive junto al robot adulto que ha inventado, y que modifica a su gusto para satisfacer sus caprichos.Si bien es cierto que los personajes no son nada del otro mundo, su forma de actuar congenia perfectamente con el ritmo de la serie, que sin caer en el absurdo más absoluto de Azumanga, no llega a aburrir en ningún momento. Más bien todo lo contrario; Nichijou es una serie que si bien no se sale de los parámetros marcados por el slice of life, aporta un gran dinamismo al género.

Frente a los tópicos del género y que incluso no terminaban de cuajar en las pioneras, con Nichijou no te dará tiempo a cansarte de ella. Además, KyoAni es bastante preciso a la hora de incorporar pequeñas pausas entre historia e historia, haciendo aún más llevadero un visionado que llega a su fin sin que te des cuenta.

Nichijou no se parece en nada a anteriores trabajos del estudio, que ha sabido distanciarse de K-ON! y no caer en el error de hacer de esta serie algo que no es.

Porque Nichijou no es nada más y nada menos que lo es, no aspira a ser más, es precisamente esa “simpleza” lo que la hace especial. Y esto se ve reflejado en los propios diseños de la serie, limpios y de formas sencillas, que reducen a cero las complicaciones que tiene esto.

Aunque no todo es tan simple. Uno de los fuertes de Nichijou es su OST, y no hablo de ese OP tan jodidamente increíble, sino de la música que tienen las escenas de fondo, que como no podía ser de otra forma, juega también un papel muy importante a la hora de ambientar las escenas.

Resumiendo un poco, se puede decir que Nichijou es la evolución de un género que llevaba algunas temporadas sin resurgir, estancado en historias de instituto que no llevan a ninguna parte.

Además de eso, quedando demostrado que KyoAni es la mejor en esto, simplemente si aún no la has visto, no sé a qué esperas para ver una de las mejores series de la temporada. Diversión y risas aseguradas, y van solo tres capítulos, la cosa promete.

Amigo de lo ajeno y pillado con las manos en la masa, por eso me echaron de aquí.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.