Ivrea va necesitando un nuevo diseñador gráfico

Ya hablé en su día del gran trabajo que estaba haciendo Ivrea en nuestro país dando algo de frescura al mercado con obras impensables hasta la fecha. Hablo de...

Ya hablé en su día del gran trabajo que estaba haciendo Ivrea en nuestro país dando algo de frescura al mercado con obras impensables hasta la fecha. Hablo de Haruhi, por ejemplo, que sin ser una apuesta arriesgada —más bien todo lo contrario— sí que resultaba bastante reacia a las características que se han auto-establecido en el mercado español. O To Love Ru, que llegará a finales de mes también de la mano de Ivrea, y que es el primer manga de estas —llamémoslas— proporciones que se edita en España. Ya han comentado más de una vez en RP2 cómo Kodomo no Jikan se quedó a las puertas de licenciarse a causa de su contenido.

No es el contenido el problema, sino la mentalidad. En cualquier caso, no se puede empezar la casa por el tejado, y hacerte con una de estas series de chicas altruistas, si bien garantiza un éxito sucumbido en el público menos excéntrico, requiere un trato a partes iguales con el público casual. Y si bien no se ha de juzgar un libro por su portada, el trato en este sentido por parte de Ivrea deja bastante que desear.

Pero no me refiero a la soberana cagada del encargado de diseñar las portadas de las novelas de Haruhi, ese es otro tema. La última gran obra de Ivrea es el logo de Hatsukoi Limited, una de esas obras a medio camino entre lo casual y lo hardcore de entre los consumidores más concienciados. Ciertamente, que el logo de la nueva serie de Ivrea sea una porquería no desemerece ni mucho menos su labor, pero como otros pequeños detalles, estas cosas hablan bastante sobre una editorial.

Gracias a @Darkrad_10 por el aviso.

Amigo de lo ajeno y pillado con las manos en la masa, por eso me echaron de aquí.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.