Opinión: EDT, con el rumbo más fijo que nunca

Últimamente se lee vociferar a los gurús del mundillo que EDT está perdida, desbocada, sin un rumbo fijo y condenada al fracaso...

Parece haberse convertido en nuestro pan de cada día leer vociferar a los gurús, o al menos aquellos que intentan jugar ese papel, del mundillo que EDT está perdida, desbocada, sin un rumbo fijo y condenada al fracaso. Dicen también que no apuestan, que han perdido el gran papel del manga en España, que han pasado a un papel secundario. Y en parte llevan razón, Norma e Ivrea han cogido el testigo en cuanto a títulos punteros, y bien es cierto que EDT ya no es la editorial que antes se situaba en lo más alto de la pirámide del mercado español. Eso sí, decir que EDT no apuesta y que no consigue encontrar su rumbo, es tener muy poquita idea de lo que se está hablando; a menos que te haya sentado mal la negativa de la editorial de publicar La Saga de la Sirena de Rumiko Takahashi, aunque ahora mismo no se me ocurre a nadie.

Y es que por fin podemos hablar de una editorial como la concibe sus directores, que hace lo que quiere y que no depende de nadie. Glénat es historia, y se nota en el ambiente, poco tiene que ver la filosofía de EDT con la que había en Glénat, cogida por los pelos, con reservas, impotente. En los últimos meses de Glénat pudimos ver ese cambio, que bien podría identificarse con una situación de austeridad por parte de la editorial, y probablemente no nos equivocaríamos al señalarla, y de hecho, a decir que a día de hoy se mantiene aunque con mejores cifras.

El varapalo ha sido fuerte en nuestro mercado, y Glénat/EDT ha sido de las que más lo han sufrido. Otras en cambio, lo han sabido aprovechar. Quizás el hecho de estar en lo más alto les hizo darse de bruces contra la realidad; no se puede vivir de Naruto, Bleach y Death Note para siempre, o al menos, tienes que compaginarlo con algo más.

Sea como fuere, la política editorial impuesta por Joan Navarro y (un desaparecido) Felix Sabaté actualmente, parece por fin tomar forma y verse encaminada a esa Glénat España independiente llamada Editores de Tebeos, con una editorial que se aleja de lo de siempre, del shonen súperventas y apuesta, y arriesga; y el resto ya es cosa del tiempo, de ver si esta fórmula funciona o termina por hacer trizas el sueño de los nuevos responsables de esta renovada editorial.

Porque es ahora cuando hay rumbo, y decir lo contrario es todo un atentado con la objetividad. Porque es ahora cuando Joan Navarro está disfrutando como un enano anunciando en su blog todas esas obras que quería traer, que desmarcar a EDT y que suben la apuesta de la editorial hacia un mercado más adulto. Y se la están jugando, pero el que no arriesga no gana, y yo diría que ahora mismo es la única salida, el único camino lógico, que EDT podría tomar.

Ya han publicado Reproducción por mitosis y otras historias de Shintaro Kago, y de camino vienen El Gran Funeral y La novia frente a la estación. En breve nos llegará otra obra de Suehiro Maruo con El infierno embotellado. Y por el mismo camino va Usamaru Furuya y su Litchi Hikari Club. A la par, vuelta a los clásicos por la puerta grande con Hokusai, del gran Shotaro Ishinomori.

Esto, amigos, se llama tener un rumbo. Se llama apostar por un target de edad distinto al que venía siendo su pan de cada día, y no es que hayan abandonado al resto, sino que otras editoriales han asumido ese papel. En definitiva, se llama evolucionar y tomar un camino nuevo, abierto a infinitas posibilidades y que implica la llegada a España de un pedazo de Japón y su obra que hasta ahora había sido bastante reducido. Aunque siempre podéis llamarlo “hacer lo que hacen, o hacían, editoriales como Ponent Mon, La Cúpula, Astiberri, etc. con unas mayores garantías y a un precio más asequible”. Porque, vuelvo a decirlo, se llama apostar, y puestos a ello, mejor que lo haga una editorial con infraestructura como es esta, que una pequeña en la que sabemos de antemano que no va a funcionar.

Pero Naruto sigue estando ahí, y la propia EDT debe buscar un sustituto a su línea shonen, y no creo que baste con un solo título. No sé qué pensarán sus responsables acerca de esto, pero dudo que se hayan olvidado del público que le ha dado de comer todos estos años, y no ya por cumplir con ellos, sino porque es realmente lo que vende ahí fuera, le pese a quien le pese; y todo el mundo sabe que Gaijin no es una alternativa a esos títulos, sino una forma de salir del paso.

Lo cual no quiere decir que Gaijin no tenga nada que ofrecer, y si bien sus comienzos no han sido especialmente alentadores, anuncios como el de Sleepers me dan muy buenas sensaciones. Tiempo al tiempo, supongo, ya veremos si realmente todo este tinglado vale la pena. Mientras, se siguen marcando tantos como la integral de Trigun, que aún tratándose de una no-novedad nunca viene de más en un mercado tan limitado como el nuestro.

Así que bueno, no es que EDT esté haciendo grandes cosas; ni mucho menos administrándose de la mejor forma posible, los parones siguen estando ahí, y hay multitud de cosas que siguen sin hacerse como deberían. Son varias las cuentas pendientes que tiene “Glénat” en esta nueva etapa, y no se solucionan dejándolas estar ni bombardeando a base de Berserk. Gaijin debe dejar de ser una opción a su línea shonen, y deberían ponerse las pilas de cara al Salón del Manga con alguna novedad fuerte.

El rumbo está claro, ahora toca correjir los errores, no volver a cometerlos, y tratar de contentar al consumidor. Una vez más, el tiempo dirá.

Amigo de lo ajeno y pillado con las manos en la masa, por eso me echaron de aquí.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.