Por favor editorial: ¡Licencia mucho más manga, pero del otro!

Desesperadas, ácidas y gamberras declaraciones de un consumidor de manga seinen, josei y, ocasionalmente, shonen.

Recordando viejos tiempos

En el mundillo otaku tenemos siempre al habitual “friki quejica de mierda”, ese que se queja por todo, que se queja por gusto, o que se queja porque solo ve su propio bolsillo. Hay quien, además, no termina de aclararse: se quejan de que unas editoriales, como pueden ser Norma o Ivrea, sobresaturan el mercado con más y más licencias, pero a la vez muestran su hervor con otras como, yo que sé, EDT, asegurando que no apoya el manga —cosa que además es falsa.

Es cierto que, en cierta medida, el mercado se está saturando, nadie ha descubierto Las Américas asegurándolo, y varias personas, entre ellas un servidor, o el mismísimo Leandro Oberto las venimos adelantando desde hace tiempo. Pero… ¿Qué es lo que provoca esta sensación de no dar abasto con tanta serie licenciada? Yo os lo dire: vuestra inmadurez.

Vaya, así que el señor sabelotodo chibisake [se escribe con minúsculas, bitches] nos viene con esos aires de superioridad”, será lo que algún herido de orgullo se gaste nada más leer la gran verdad que acabo de decir, pero no, no es un ataque. No estoy diciendo que seáis unos jodidos irresponsables con vuestra vida, simplemente no habéis madurado ni habéis evolucionado en el campo del manga, y mucho menos en el del cómic. Y declaraciones como “crean iberomanga para que les salga más barato y así no tengan que traer series”, cuando probablemente pagar a un autor patrio salga cuatro veces más caro que pillar una licencia japonesa.

El mercado se satura de shounen, el shounen es para adolescentes, y los adolescentes no tienen pasta. Que sí, que algunos diréis “yo soy joven” y “yo soy adulto” y “leo shounen”. Yo también, no os preocupéis, pero no con la misma frecuencia de antes, cuando era un crío.

El shounen vende, ergo las editoriales hacen todo lo posible por demandar los caprichos de adolescentes. “Me he enkimagureado con esta serie, tráemela”, “Me he encoñado con la otra, también la quiero”. Es muy triste que la gente se encoñe con Silver Spoon porque “es de Arakawa” y que Wild Life, por poner un ejemplo, se coma los mocos siendo mucho mejor y más fresco.

Es triste, pero el mercado adolescente funciona así, por caprichos y modas, y sobre todo novedades, a ellos los saldos y el fondo del catálogo les da como mínimo el SIDA y la malaria a la vez. La gente no va a soltar pasta por un One Piece o un Toriko hasta que todos sus coleguillas suelten el “HOSTIA TÍO TIENES QUE LEERLO”, “¿Cómo, que no lo has leído, mal fario te caiga”. De hecho, One Piece al principio vendía en España lo mismo que los grandes éxitos de Leonardo Dantés. Al final, uno se convierte en borrego, y rameneamos gustos, es decir, copiamos a unos y a otros las obras que les gustan para ser “uno más”, . Y no me digáis que no, porque la mayoría de shounen que llega últimamente, es, lo diré con moderación, una puta mierda. Que un truño infumable como Blue Exorcist sea tan popular y venda tan bien es muy triste, para luego ver Gintama, algo realmente fresco en el género, y de humor ácido, en la cuerda floja. Estoy hasta los huevos de shinigamis y de personajes que se pegan hostias como nenas para decir una y otra vez que sus amiguetes son lo más importante del mundo. Una, bien, veinte, te tiro el mechero Sole.

Y al grano ¿Qué pasa cuando juntas a peña con un capital limitado, a licencias “kimagure”, y a borregos? Pues que te dan de comer, pero a cuanto más licencias, más probabilidad de que, o bien no se la hagan porque andan con otra serie, o bien abandonen la previa para hacerse con la nueva, o hagan un fifty-fifty: me compro unos tomos de esta, otros tomos de la otra, y como resultado tengo unas cuantas bonitas series abiertas. Por supuesto, cada uno tiene su límite, 1 serie, 2 series, 3 series… y bueno, entre los adolescentes y las modas siempre habrá aquellos que se hagan media serie y luego tiren al manga y anime alegal, porque “no quiero ser una víctima más del consumismo, pero luego los findes bien que me voy de cubateo”. Y estarán los que crezcan y demanden otro tipo de obras, más adultas.

Y por este camino quería yo llevaros, por el que se aleja de la jungla becerrosa. El público que lee shounen de manera ocasional, pero que gusta más del seinen. Y ojo, otro error que se suele cometer, el seinen no significa “obra madura”, que es una perla que sueltan desde la prensa rosa. Un seinen es una obra dirigida al interés del joven y el adulto, ya sea la entretenida ¡Yotsuba!, cualquiera de las cojonudérrimas obras del maestro Hiroshi Hirata, la joderqueganasdequesalgaya Master Keaton o la brutalísima y gamberra Bastard!!, compra obligada para los que tienen sed de Berserk.

El caso es que los que nos encontramos en ese rincón de marginados, miramos más por nuestros gustos personales que por lo que se compre el amiguete de al lado o la fujoshi que se monta mentalmente bukkakes con los personajes de Pandora Hearts y Black Butler a la vez. No solo miramos viñetas hipervitaminadas e hiperestilizadas, sino que buscamos una historia coherente y rica, con la que arañar mentalmente lo que se esconde tras las viñetas para desglosar elementos ligados a la sociedad, cultura y /o tradición de aquel país o de la cultura que estén recreando. Esa a la que ahora mismo probablemente estés tachando de “hipsters que se creen superiores” pero que en realidad buscamos enriquecernos, aprender, observar y entretenernos. One Piece puede ofrecer esto, Toriko también, Naruto más de lo mismo, pero llegas al punto de que todo es igual, que los autores se repiten y se dejan follar por los clichés, y al final la homogeneidad comienza a oler a mierda. Y el seinen, o incluso los clásicos, acaban siendo nuestra vía de escape. Al menos aquellos que nos llegan a España.

Uno demanda seinen y clásicos, y ve que no tiene de donde arañar más allá de saldos o de ediciones de la época de andevé donde te has ido de lejos, con traducciones paupérrimas y un papel que se cae con tan solo mirarlo.

Quiero seinen y clásicos, y no hay, editoriales que peleen por ello. Prefieren traer Wild Life —muy buena, por cierto— y tener que arrastrar sus pérdidas, porque claro, es que recibió muchos premios, y… ¡Es shonen!. Pero oh, estamos en un país de borregos, y esta obra no la ha dibujado la señorita Hiromu Arakawa, autora de Silver Spoon.

No me vale que me traigas Mazinger Z aprovechando el tirón del aniversario de la serie si solo me vas a traer la obra principal y luego te vas a quedar más ancho que pancho olvidándote de las demás series y spinoffs. Tampoco quiero una obra baratuna que vete a saber si las editoriales japonesas la estaban regalando. Y no, no hay suficiente. Salvo EDT, que es la única que apuesta fuerte por el seinen y, sobre todo los clásicos, enriqueciendo de manera brutal el catálogo de nuestro país, no hay más. Puede que Ivrea con Takehiko Inoue, pero es que apenas hay más. ¿Dónde carajo está mi edición integral rollo omnibus de tomo único de Dororo? ¿Se puede saber por qué Shingeki no Kyojin se avecina a España y sin embargo no tenemos ni rastro de Vinland Saga? —Probablemente esta última tenga respuesta: el dibujo.

Tan jodidamente épica como Berserk, y tan triste que nadie haya tenido narices de traerla a España

Una cosa es que el seinen no venda, y otra que no cuidéis a esos chavales que en los 90 consumían shounen, crecieron, y en lugar de abandonar el manga, buscaron algo que les enriqueciera más. Porque al final es eso. Si se ofrece material a los adolescentes, que recordemos se ven limitados de pasta al depender de los papis, estos crecen y, o bien siguen tragando shounen a mansalva —pobre de vosotros si es así—, o bien malviven entre el cómic, el seinen / josei y lo clásico, o bien se olvidan de este mundillo / dejan de comprar y tiran por scanlations / anime alegal, que es lo que normalmente ocurre.

Menos shonen y más equilibrio, que por ir “a la moda”, señoras editoriales, tenéis al shoujo, el género que ha levantado el mercado en nuestro país, como a un afroamericano en un desfile del Ku Klux Klan. Las shojeras parecen,no, SON bichos raros, los amantes del seinen y del josei también lo somos. Y el mercado se estanca, no evoluciona, los adolescentes se van, y cuesta más reenganchar a nuevos otaku que contentar a los viejos perros moribundos con ganas de echarse un hueso en la boca.

Ahora pedidme que os ofrezca soluciones, pero yo soy mero blogger observador sin ínfulas de grandeza y, sobre todo, consumidor. Quiero más seinen, quiero más josei. Me hacen mucha falta, lo echo de menos, no puedo vivir sin él, es lo mejor de mi vida. No pongáis muros a esta bella relación, señoras editoriales, solo EDT me da amor y yo quiero tirarme a todas. Quiero gastarme mi pasta en vosotras, pero no hay ná de ná. Por eso te digo: Licencia mucho más, pero de lo otro. El mercado está saturado, pero si rascas en la maraña de borregos, encontrarás un mundo nuevo que explorar.

Y al resto deciros, el seinen es como la cocacola argentina, para los altos, para los gordos, para los flacos, para los que comen rico Udon, para los que tragan ramen baratuno, para los que tienen novia, para los forever alone. Mientras te haces con, yo que sé, Toriko o One Piece, prueba a pillar una obra de Hiroshi Hirata, deja atrás los prejuicios del estilo del dibujo, porque eso te embecerra, y ve a por Master Keaton, o abre tu corazón para darle una oportunidad a Q&A, un shonen actual pero de espíritu clásico.

Como decía, me pasaré al Udon mientras espero a rica variedad de ofertas en seinen. Ya sé que lo otro está tan saturado de obras que se te repiten y se copian unas de otras, como las recetas de ramen, por eso, señora editorial, cuídanos a los que deseamos daros nuestros billetacos, ofrécenos cosas que no solo enriquezcan nuestros deseos, sino al catálogo de este país.

Mientras esperas, tómate un bol. Si es de udon, mucho mejor.

Nota: Este texto refleja de manera irónica, ácida y elegantemente desenfadada la frustración de un consumidor con ganas de tener algo potable que leer por las noches. Si eres una persona recatada, educada de cara a la galería, fanática de Norma e Ivrea y miembro del Opus Dei no deberías haber leído esto, por eso lo pongo al final.

Uf, qué bien que me he quedao.

Fundador, redactor jefe y editor de Deculture.es. Jugón desde la vieja escuela, amante de JRPGs y SRPGs, a poder ser de estilo clásico. Lector de cómics, amante del manga clásico.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.