Varias razones por las que deberías dejar de llamarte otaku a ti mismo

Un término distorsionado en occidente

El término otaku traspasa fronteras, se ha afincado en lo más profundo de la afición por la cultura pop japonesa y no hace amago de separarse de ella. El otaku se ha consumado como una alternativa al friki, al sentido peyorativo de aficionado al mundo del cómic; porque lo queramos o no, un friki a día de hoy no está bien visto socialmente. Sí, hay frikis de todos los tipos: los frikis del fútbol, los frikis de la ropa cara, los frikis del reggaeton… Pero cuando se habla de friki se habla de manga, se habla de dibujos chinos, de ferias del manga llenas de disfraces, de gente sudorosa, de un gusto fuera de lo normal dentro de nuestra emperifollada sociedad. Nada más lejos de la realidad, los frikis proclaman su afición en un atisbo de lucidez. “Nosotros no somos menos, tenemos derecho a sentirnos orgullosos de lo que somos”, dicen. Y bueno, no seré yo el que diga que al friki del fútbol se le llama aficionado al fútbol, no seré yo quien distorsione ese mundo de yupi en el que vivimos entre los canis y los modernos.

“Son una tribu urbana”, dicen otros. Bueno, tampoco seré yo quien dude de la rigurosidad periodística de nuestros medios. De hecho, no he venido a hablar sobre que la gente siga empeñada en llamar su afición de modo especial a las aficiones de los demás. Si te sientes cómodo con lo que el término friki implica (que no es otra cosa que afición en extremo), no seré yo quien te lo reproche, del mismo modo que espero que ninguno venga con el cuento de “escondes lo que eres, te avergüenza que te señalen”. Por favor, no vayas por ahí querido lector friki, el tema de hoy no es ese.

Hoy quería hablaros, como decía al principio (antes de divagar), del término otaku. Aunque yo prefiero llamarlo la “entelequia del friki”. Veréis, el otaku se parece bastante a mí: no le gusta que le llamen friki. De ahí que os haya hablado primero de ese aspecto. Quiero decir que, para entender lo que viene a continuación, hay que ponerse en situación: a los otakus les repulsa el término friki. Al igual que yo, lo consideran un término inapropiado de cara a su condición de aficionado. La diferencia es que el fútbol es el circo de la nación, mientras que el cómic es un producto para retraídos sociales con dificultades para entablar conversación. O eso nos quieren hacer creer.

Pues bien, como friki es un término que no me representa y considero insultante, pero aun así necesito identificarme con algo, pues tendré que buscarme otro. ¡Coño, pues ya está, uso el término friki, pero en japonés!

No sé si os habíais fijado, si alguna vez habíais leído la Wikipedia, o si alguna vez os lo habían comentado, pero resulta que el término otaku vendría a corresponder a friki aquí. Así, el típico “a mí no me llames friki, dime otaku”, suena un poco raro, ¿no es parece? Yo diría inluso que es una frase bastante cínica, como cuando el PP tiene que tocarnos las pelotas con algún recorte y cambia las palabras para acabar diciendo lo mismo.

No obstante, en Japón el término otaku tiene un sentido aún más radical del que aquí tiene la palabra friki. No es que alguien le importen un comino las diferencias culturales entre Japón y España como para hacer acopio de una palabra y clavársela en la frente, pero lo cierto es que los otakus no están muy bien vistos en nuestro soñado país. Supongo que lo sabréis.

Esa es, pues, la primera de las razones por las que autodenominarse otaku no es una buena idea. Dudo que regodearse de lo antisocial que eres te beneficie en ningún aspecto. “A mí no me llames friki, dime antisocial que se pasa el día encerrado en su habitación viendo anime”. Decir eso estaría fuera de lugar, porque probablemente ninguno de los que se llaman así mismos otakus adopten esas conductas tan extremas que llevan a cabo los frikis japoneses. Aun así, ya que se adopta un término tan a la ligera, habrá que hacerlo hasta sus últimas consecuencias.

La segunda de las razones es bien sencilla. Si la idea es causar mejor impresión a la gente que te llama friki, no lo vas a conseguir. Es que no sé si es muy difícil de entender, pero hablarle a alguien que no tiene ni idea del tema de otakus, manga, anime o Haruhi Suzumiya le va a sonar a chino. Quiero decir, que no lo vas a arreglar, no vas a conseguir que la gente te mire mejor porque hayas adoptado un término diferente al que usa la gente de a pie para denominar a los aficionados al cómic. Probablemente no sepan que otaku equivale a friki, pero a quién le importa eso. Cuanto más rara es la palabra, más rara es la afición, más rara es la “tribu urbana” que va de vez en cuando a Telecinco junto al gótico lelo y cuatro personajes poco espabilados que caen siempre en la misma encerrona.

En serio, ¿tan raro suena “aficionado al manga”? Que no tienes que decir que decir “cómic japonés”, que el manga es manga, pero que el otaku no es un simple aficionado, es una conducta extrema. Para empezar, el que se llama a sí mismo otaku es el que se está escondiendo. Sí, fijaos en la vuelta de tuerca. No sé nada de psicología, pero seguramente esto tenga un nombre; lo de autoengañarse y esconderse bajo un término bonito frente a algo que se considera menos bonito, digo. Para seguir, si tanto te molesta que te señalen, no termines de joderlo con un nombre más raro.

Esto nos lleva a la tercera razón. Dado que no saben qué significa la palabra otaku, el objetivo que se pretende conseguir, que es desviar la atención hacia un término más elitista y exclusivo, no prospera. Esto produce un efecto contradictorio, que es el de posicionarse en un limbo perdido que nadie acaba de entender, y que por tanto tan solo acarreará más rechazo. De ahí lo de la tribu urbana que os comentaba. En Telecinco ya no hablan de “frikis”, hablan de “otakus”, de gente que hace cosas raras relacionadas con el manga y el anime. Mientras el aficionado al tebeo generalista ha ido posicionándose como una alternativa de ocio más, el amante de Japón y su cultura pop (pocos hay interesados en el ámbito histórico-cultural), ha necesitado destacar sobre el resto, llevar su afición, su “nos sentimos orgullosos de lo que representamos”, a niveles superiores. Y así, aprovechando el tirón, los más traicioneros y hambrientos de circo, han aprovechado que el sector otaku cuenta con el mismo porcentaje de borregos que el resto de sectores, para sacarle partido y venderlo como una atracción de feria. Una atracción en la que tipos raros se visten de forma rara y adoptan conductas raras.

O sea que, señor otaku, la estás cagando.

Por último, pero no menos importante, la cuarta razón, que viene a englobar todo esto que os he estado enumerando. Desconoces el origen del término otaku, lo usas mal, intentas causar buena impresión sin éxito con él y estás creando una burbuja en torno a éste llena de falsas espectativas. Es decir, que no tienes ni la más mínima idea de lo que estás haciendo, te estás metiendo en un embrollo del que no sabes cómo salir, y probablemente lo hayas notado en algún momento, aunque quizá no te has dado cuenta.

Porque entonces llega alguien y te pregunta que qué es ser otaku. Y entonces la cagas. Afirmas ser algo que no eres (primera razón), consigues que te vean como algo todavía más raro (segunda), y por consiguiente, generas un aura negativa en torno a lo que ser otaku representa (tercera). Es decir, que sin ser consciente del carácter despectivo del término otaku, tú mismo se lo estás dando. Ya no es solo hablar sin tener ni idea de lo que se está diciendo, hablar sobre algo que te ha comentado tu colega el que se lee Naruto o tu otro colega el que se ve todas las temporadas de anime al completo, es que además estás provocando que la afición hacia el manga y el anime siga cayendo en una espiral de derrota constante.Ya bueno, puede que sea mucho decir, puede que me haya ido por las ramas y puede que no sea para tanto. Puede ser, probablemente, que sea cual sea el significado real de otaku, la percepción que se tiene sobre él dentro de su propia comunidad, sea distinta.

Y lo cierto es, que a mí, todo eso, me da igual. Yo solo quería leerme unos cómics a los que la gente llamaba manga y que tenían muy buena pinta. Y aquí estoy, dilucidando sobre terminología barata mientras el país se va al carajo.

Igual es que soy un friki de la terminología barata.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.