Primeras impresiones: ‘Watamote!’

Cuando leí por primera vez la sinopsis de Watamote! me vino a la mente un tipo de anime muy concreto, una comedia sobre las aventuras y desventuras diarias.
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Opening – Watashi ga Motenai no wa Dou Kangaete mo Omaera ga Warui!

Cuando leí por primera vez la sinopsis de Watashi ga Motenai no wa Dou Kangaete mo Omaera ga Warui! (Watamote!), me vino a la mente un tipo de anime muy concreto, una comedia sobre las aventuras y desventuras diarias de una protagonista bastante creepy y con tintes de humor negro. Como me pareció poco “sustancial” hablar sobre el comienzo de la serie a partir de un solo capítulo y teniendo en cuenta que no he leído el manga, he esperado a ver el segundo (wow) para escribir una primera impresión. Y aquí va.

Como decía, cuando leí por primera vez acerca de Watamote! me hice a la idea de una comedia a lo slice of life, quizás un poco más oscura y profunda:

La protagonista es Kuroki Tomoko, una estudiante muy popular que tiene cincuenta años en experiencias de citas con más de cien chicos… en el mundo de los juegos otome (juegos de citas y romance para mujeres). En realidad, es una chica de quince años que va a comenzar su primer año en el instituto, y cuando descubre que la realidad no se parece ni una pizca a sus maravillosos juegos otome y que no es tan popular como ella pronosticaba, le basta con echarse una mirada al espejo para darse cuenta de qué era lo que ocurría: Kuroki Tomoko reúne todas las cualidades de una ‘mojyo’, una chica impopular y bastante siniestra.

Pero tras ver el primer y el segundo episodio, me di cuenta de que mi idea se había quedado corta en cuanto a lo oscuro y profundo. Repasemos: Tomoko se encuentra en su primer año de escuela secundaria, y cree que va a ser la chica más popular de su clase debido a su vasta experiencia en juegos otome. Cualquiera que vea a Tomoko sabrá que la pobre muchacha está muy lejos de la realidad: pelo desordenado (pero no a lo moe-recién-levantada, no, sino a lo que conocemos literalmente por “desordenado”), varias capas de ojeras (probablemente sean resultado de sus treinta horas de juego al día), y, en resumen, un aspecto bastante descuidado. Además –no tengo muy claro si por estatura o gusto– la falda de su uniforme le queda inusualmente larga, y en general no parece muy hecho a su medida. Como resultado, lejos de su propósito de ser la número uno en clase, Tomoko pasa a ser la chica que se sienta al fondo y pasa totalmente inadvertida. Este desconcierto despierta en ella ciertos comentarios muy pero que muy agresivos, sobre todo hacia sus compañeras féminas (entre toda su retahíla de pensamientos se escucha algún “bitch!” de fondo), y prácticamente un absoluto desprecio hacia la humanidad. Esto todo siguiendo una línea que no sale de su cabeza, porque Tomoko es incapaz de dirigirle la palabra a alguien. Lleva tanto tiempo haciendo el hikikomori –en un término exagerado, porque realmente no lo es– que se encuentra con una enorme dificultad que le impedirá que las cosas le salgan como ella pronosticaba: le resulta imposible mantener una conversación de dos líneas con cualquier otra persona. ¿Conocéis la sensación del más puro nerviosismo que te deja tieso hasta el punto de no poder decir ni “hola”?

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Not even close

Pues bien, a partir de todos estos acontecimientos, la conclusión es que la serie Watamote tiene una doble cara, una doble forma de entenderla. Por un lado el de la negra comedia, en la que, sin más explicación, cada uno de los torpes sucesos que vive Tomoko provoca en nosotros la risa. Y por otro lado y más profundo, el de ser conscientes de la realidad de Tomoko. Es decir,  sentir la dificultad del día a día de una protagonista que sufre un notable conflicto emocional, especialmente hacia las relaciones sociales. En resumidas cuentas, superficialmente nos hemos topado con una serie con la cual no pararemos de reír, pero esta comedia negra es tan solo la corteza de un mensaje más profundo que –eso me ha hecho pensar, o me lo estoy inventando– su autor, Taniwaga Nico, querría transmitirnos. Un mensaje mostrado a través de cada una de las frases de Tomoko, el cómo actúa, el cómo piensa. Puede que penséis que estoy sobreexagerando un poco el tema, pero lo cierto es que, viendo cómo ha comenzado y se han desarrollado estos dos (¡dos!) capítulos, no puedo dejar de pensar en esa doble cara de la que hablaba antes, en la que por un lado nos encontramos la broma, la gracia, el insulto casi gratuito, la exageración del comportamiento de Tomoko que casi roza lo hikikomori, a veces –muchas veces– tan absurdo que no puedes evitar soltar una carcajada. Podría redactar una lista de frases y comentarios con los que me reiré todas y cada una de las veces que rememore los episodios –por ejemplo: parece que uno de los hobbies de Tomoko es ponerles voces a sus compañeros y decir cosas que, primero, son bastante inesperadas, y, segundo, son terriblemente graciosas–. Sin embargo, si uno se para a pensar durante unos segundos, el otro lado y la conclusión es que la situación de Tomoko es realmente… triste. Todo lo que ella quiere es ser una chica normal, bonita, tener amigos, gustarle a algún chico. Pero durante demasiado tiempo se encerró en sus juegos otome, autoconvenciéndose de una realidad que no existía donde ella era la popular, y no una en la que pasaba totalmente desapercibida allá a donde iba.

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¿Y qué hay sobre el resto de los aspectos? Watamote no va a destacar en esta temporada por una increíble animación, pero ello no quiere decir que sea penosa o intragable. De hecho es bastante buena aunque no sea para una puntuación de 10/10. Además, las escenas caricaturescas –que no son pocas y que, personalmente, me recordaron bastante a la serie Great Teacher Onizuka– se nos harán memorables.

En cuanto a la música, el opening Watashi ga Motenai no wa Dou Kangaete mo Omaera ga Warui! de Konomi Suzuki y el grupo Kiba of Akiba– no le dejará a ninguno indiferente, es potente e intenso, y ya da pistas acerca del lado más oscuro que nos encontraremos en la serie. En contraparte, el endingNo Matter How I Look At It, It’s Not My Fault! de Kitta Izumi– es musicalmente más tranquilo y alegre, y nos muestra lo más moe de Tomoko.

Como últimas líneas y para cerrar esta primera impresión, Watamote me ha resultado en estos dos episodios una serie que merece la pena seguir, tanto por la comedia como por el significado que conlleva. Tomoko, a pesar de su apariencia mojyo, es un personaje realmente adorable, entrañable y gracioso, que conseguirá que Watamote no se quede en un anime del montón y que merecidamente saldrá de esta temporada como una de las series más exitosas. ¡Pongo mis esperanzas en ti, Mokocchi!

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Ending – No Matter How I Look At It, It’s Not My Fault!




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.