‘Shin-chan’, el legado atemporal de Yoshito Usui en España

Artículo de opinión que da un repaso al legado que Yoshito Usui dejó en España con su obra Crayon Shin-chan, conocida aquí como Shin-chan a secas.

shin-chan-fanart

Fanart realizado por おしょー

Hoy se cumplen cuatro años desde que YoshihitoYoshito Usui (Shizuoka, 1958 – Gunma, 2009), todo un maestro del manga, nos dejara. Pocas muertes dentro de lo que a la industria del manga se refiere han calado tan hondo en la sociedad como la de del autor. Cuatro años de tristeza en los que todos los fans de su obra no nos podíamos creer que Usui, autor del enormemente popular personaje de Shin-chan —pero también de cosas como Office Lady Gumi—, había sido encontrado muerto días después de que se alertase de su desaparición el día el 11 de septiembre de 2009 en el Monte Arafune, situado en los límites de las prefecturas de Gunma y Nagano, tras irse a practicar senderismo.

Desde ese momento y en cuanto se supo la noticia, casi todos los medios de nuestro país —estoy seguro que de buena parte del mundo también— informaban sobre lo sucedido con pena y nostalgia: a pesar de que quizás el nombre del japonés no fuese demasiado conocido, su obra más indiscutiblemente popular, Shin-chan, sí que era —es— muy famosa en nuestro país, siendo casi una seña de identidad en cuanto a anime se refiere. Y por terrible que pueda sonar, esos gestos de respeto y artículos que se le dedicaron después de que se supiera la trágica noticia, son quizás el mejor homenaje que el autor podría haber tenido en un país como el nuestro donde obras de tanto calado no son valoradas como se merecen.

Por supuesto, aquí ni se había escuchado nunca hablar del autor entre el gran público: ya no sólo que realmente el hombre no fuese demasiado prolífico en su carrera, sino que cuando pudimos conocer a Shin-chan, Kazama, Masao y compañía eran finales del siglo pasado y las cosas eran bastante diferentes. Qué os voy a contar. De hecho no supimos de su carrera hasta que, como tantas otras veces, comenzara la emisión de la adaptación animada en abril del año 2000 en TV3, la televisión autonómica catalana. Y ya desde ese momento la serie consiguió cuajar: durante aquella época consiguió acaparar la atención de pequeños y mayores: Shin-chan era una serie realmente atractiva para cualquier niño, el cual podía ver como partiendo de la base de una familia cualquiera el pequeño de la casa iba haciendo y deshaciendo según le apetecía sin apenas casi reprimenda por la parte afectada. Era una visión sencilla de todo eso que los niños anhelan decirles a sus padres cuando se enfadan: podían ver cómo Shinnosuke contestaba a su madre y hacía mil y una fechorías como si no pasase nada. Y eso era muy divertido. De hecho, debido a las quejas de los padres y de ciertos colectivos la serie sufrió de censura en algunos territorios, como Galicia y Euskadi, que fueron las que, hasta que Andalucía emitiese en Canal Sur y por primera vez en castellano la serie, siguieron la estela de los catalanes doblando la serie a sus respectivos idiomas.

Tres años después y en vista de la popularidad de la familia Nohara, se estrenó la primera película basada en la serie: Shin-chan en busca de las bolas perdidas (desde entonces se lanzan directamente en DVD con cierta periodicidad las películas de la franquicia).

La serie acabó emitiéndose en Antena 3 logrando cierto éxito: se llegaron a emitir un buen puñado de episodios, obteniendo en algunas ocasiones un nada desdeñable 20% de share. Motivados por este éxito los se volvió a estrenar en cines una nueva cinta animada del personaje: Shin-chan los adultos contraatacan. Después de eso y con la diversificación de canales a consecuencia del TDT la serie se movió a l canal secundario Neox se comenzaron a emitir las demás películas, varios especiales de la serie e incluso algún spin off, como el muy reciente Shin-men. El anime era todo un éxito: cautivaba a todo el que lo veía y tenía la suficiente cierta variedad de vez en cuando —impagable esa temporada en la que se tienen que mudar porque explota la casa de los Nohara— como para seguir enganchando. Eran unos dibujos muy amenos y con un formato tan adecuado —cinco minutos por capítulo— que era complicado no terminar viendo alguna reposición.

Visto el filón de la serie, toda una maquinaría de merchandising se puso a destajo para sacar más beneficios de un producto tan apetitoso comercialmente: figuras, videojuegos, cromos, imanes, mochilas, estuches, muñecos de dudosa calidad y demás parafernalia cutre de Luk se comenzaban a ver por todos lados. Pero, además de todos esos, el más importante de todos: el manga original de Yoshito Usui, la obra tal y como la concibió un autor que comenzaba a sonar más.

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La primera incursión del manga fue ya con Planeta DeAgostini antes de todo lo anterior: ya publicó en 1996 tres álbumes de formato horizontal —todavía en pesetas, claro—  que abarcaban en total el primer tomo original. No tuvo mucho éxito, por lo que se aparcó totalmente esta edición; no fue hasta 2002 que, debido al éxito de la serie pudimos ver de nuevo todo el arte de Usui: Planeta volvió a las andadas con unos tomos enormes de unas 60 páginas y con sentido de lectura occidental que dejaban bien claro en la propia portada lo de “éxito en TV”, al igual que hacían con las ediciones de Yu-gi-Oh! o Doraemon del momento, por citar un par de ejemplos. La editorial sabía lo que se traía entre manos al publicar de forma quincenal y muy barata (tres euros) una serie así: el formato era el adecuado para que cualquier niño picara en los quioscos y al no tener el sentido de lectura japonés todo era más sencillo de vender y entender.

Esta edición estaba calcada de la catalana, también de Planeta, con la salvedad de que la primera era blanca —la castellana roja— y de que llegó más lejos: 70 números en comparación con los 50 de la que comento (ojo con que estos finos tomos eran cada uno la mitad de un japonés: el 50 de aquí sería el 25 o 26 de allí y así). Además tenía algunos detalles, como una estupenda entrevista entre Marc Bernabé, encargado de la sobresaliente adaptación, y el autor, que lo hacían todo mucho más redondo.

La cosa se paró a finales de 2004 con el último volumen que pudimos ver durante esos años. La serie seguía emitiéndose por televisión, pero el manga, por diversas razones, no acababa de tirar del todo. En entonces cuando, trascurridos cuatro años desde entonces, a finales de 2008, Planeta sacó una nueva edición fiel a la original: tamaño tomo, sentido de lectura japonés, un precio sencillamente inmejorable y una cancelación inminente: la serie no pasó de los 13 tomos (lo que sería el 26 de la serie roja). Durante un tiempo estuvo en ese tan frecuentado por las series licenciadas por Planeta limbo de las series “congeladas”, pero fue hace poco cuando se descatalogaron los tomos y ya quedó claro que esa edición no continuaría.

El manga de Shin-chan no consiguió despegar con una edición más que correcta y que pretendía, ahora sí, traer la obra de una manera fiel y original. Podemos achacar este triste fracaso a varios factores: mucho tuvo que ver igual una publicidad algo desastrosa y unas periodicidades muy irregulares, pero, en cualquier caso, esta edición no estaba pensada para aquellos que necesitan que le entre por los ojos todo: era una edición para aquel que se acerca a su tienda de cómics y, viendo el precio que tiene y la edición, decide hacerse con el manga del que fuera ya casi una figura icónica de los dibujos animados en nuestro país. Puedo entender, vale, que no haya gente que no quiera comenzar a comprar una nueva serie si ya lleva una veintena de tomos atrasados a ocho o nueve euros, pero estamos hablando de una edición por tres euros. Tres, menos de lo que te cobran por cualquier cosa hoy en día.

Y mira que es una pena, porque la historia original es superior al anime: los capítulos —no todos autoconclusivos— tienen sólo tres páginas en los que se desarrolla la acción —con un dibujo muy informal pero para mí altamente atractivo—, normalmente un hecho cotidiano o no demasiado trascendental, pero sí con cierto enfoque distinto al del anime: más ácido en general (sobre todo ahora, que lo último que vi del anime era un conjunto de tópicos creados por la propia serie y puestos en hilera sin demasiada gracia).

Es entonces cuando me cuestiono lo injusto que es nuestro mercado manga, donde obras mediocres consiguen el apoyo necesario de ciertos lectores mientras que grandes obras pasan desapercibidas, incluso con unas condiciones y una reputación tan grandes como las de este caso. No espero ver nunca más por aquí un intento de licencia de este manga, pero confío en que al menos el anime siga en antena durante mucho más tiempo. Es una pena, pero así es nuestro mercado, uno en el que muchas veces el azar o el oportunismo más triste hacen que obras de una calidad incalculable pasan sin pena ni gloria antes otras que, ante el conformista más absoluto de ciertos lectores, se alzan como las más vendidas.

Al menos sé que yo sí supe disfrutar todo lo que pude de los enormes momentos que Usui supo plasmar con su peculiar estilo. Y eso vale más que cualquier otra cosa.

Gracias por todo, maestro, siempre te recordaremos.




  • Vhsephi Kamiya

    amen…

    pssss… aquí… “–con un dibujo muy informar pero para mí altamente atractivo–” se te colo una r

  • Rauru Zetto

    Pobre Usui, siempre recordaré el trabajo tan enorme que hizo y lo que he disfrutado todos estos años viendo el anime de Shin-Chan, me da bastante nostalgia…

    Respecto a: ”Es entonces cuando me cuestiono lo injusto que es nuestro mercado manga, donde obras mediocres consiguen el apoyo necesario de ciertos lectores mientras que grandes obras pasan desapercibidas, incluso con unas condiciones y una reputación tan grandes como las de este caso.” Toda la jodida razón del mundo, licencian series modernitas y vacías y dejan de lado seriazas como Shin-Chan, Hokuto no Ken o Jojo’s Bizarre Adventure por ejemplo, una pena enorme…

  • Klonos Heart

    Una verdadera lástima que el manga no funcionara pese a sus económicas ediciones, y aún mucho más al estar hablando del icónico Shin-chan, como niño que se lo pasaba en grande viendo la serie animada, nunca escuché hablar del manga, cosa que ahora lamento. Por suerte, el legado que dejó y dejará el anime ya es algo que muchos no olvidaremos.

    PD: El vídeo del final… ;_;

    • phbgjf

      En su dia ojee el manga y me llamo la atencion, no lo compre por pasta, pero normalmente es asi, prefiero los mangas a las versiones animadas porque se trata del “original” del autor, y en el paso al anime pierden toda la magia y cuidado original. Por otra parte que decir de un mercado donde el “loli” vende? No podemos pedir peras al olmo.

  • Kipik

    Se me ha puesto la piel de gallina viendo el video. Precioso, y grandísimo el artículo. Creo que soy de las pocas personas que ha visto Shin Chan con 3 doblajes distintos, Catalán, Valenciano y Castellano, pero sin duda el mejor y al que mas cariño le tengo es el 1o porque fue parte de mi infancia, como todo lo que echaban en el K3 y que empezó a formarme como aficionado al manga y el anime para ser el amante que soy ahora.

    Por cierto, el fanart es una de los mejores dibujos que he visto EN MI VIDA, a pesar de no ser extremadamente complejo, los personajes, la iluminación, la perspectiva… cada parte del dibujo es absolutamente perfecta. Gracias.

  • Bakutard Darukii

    Yo creo que si el manga volviera a salir en una edición que se merezca saldría bastante a flote ºwº
    El video es muy bueno, es de mi película favorita de Shin-chan que creo que es la única que me gustó sinceramente.

  • Luffink

    Tío, lo de poner ese video es un golpe bajo T_T

    Tiene pinta de ser de una película, ¿de cuál?

    • Javier

      Shin Chan: Los Adultos Contraatacan, está muy bonita esa película al final. Las películas de Doraemon algunas son muy bonitas. Y las de Doraemon igual.

  • The President

    Fantástico artículo,si señor

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.