Primeras impresiones: ‘Tokyo Ghoul’

A pesar de toda esa parafernalia que juega al despiste y trata de reinventar el anime mediocre, Tokyo Ghoul no deja de ser una serie del montón.
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Si preferís las impresiones en forma de imagen, aquí las tenéis

El primer episodio de Tokyo Ghoul me dejó bastante frío. Así que me esperé al segundo. El problema es que, a pesar de toda esa parafernalia que juega al despiste y que trata de reinventar las historias mediocres, Tokyo Ghoul no deja de ser una serie del montón, sin nada que ofrecer más allá del entretenimiento burdo y hastiado que temporada tras temporada unos cuantos estudios —en este caso un Pierrot que cumple muy bien en el apartado técnico— tratan de vender el aficionado más conformista.

No me malinterpretéis, Tokyo Ghoul es un buen pasatiempo, un buen anime con el que permanecer latente durante el episodio. Pero nada más. Quiero decir, que durante ese tiempo que ha pasado entre el primer y segundo episodio he pensado en muchas cosas, pero ninguna de ellas tenía que ver con esta serie.

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La buena noticia es que el fan medio ya tiene una nueva historia que comentar y que seguir, y nadie que quiera pecar de pretencioso y rebuscado recibirá de malas maneras a los ghouls pandilleros de Tokyo Ghoul. Seres que se alimentan de humanos para sobrevivir, que no soportan la comida humana y que viven entre nosotros; la historia de monstruitos soñada por todo fan de Crepúsculo, con una capa de pintura recién puesta. Parece nuevo, pero no huele demasiado bien.

El juego de azar, no obstante, brinda a un humano la posibilidad de convivir con los ghouls. Ahora una parte de sí forma parte de esta especie. Necesitará alimentarse de humanos, y su disputa emocional nos traerá a todos locos sobre si está bien comerse a tu mejor amigo o no.

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De por medio, todo ese halo del bien y el mal, protagonizado por ghouls buenos y ghouls malos. No tiene nada y lo tiene todo, y quizás por ello Tokyo Ghoul sea uno de los anime de la temporada.

Si ya habéis visto los dos primeros capítulos sabréis muy bien por dónde van a ir los tiros. Si merece vuestro tiempo o no, eso ya es cosa de cada uno.

Amigo de lo ajeno y pillado con las manos en la masa, por eso me echaron de aquí.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.