Tú, el moderno

No es nada fácil ser indie. Supone un gran esfuerzo, tienes que estar a todo, y nunca sabes por dónde te van a salir. Es un toma y daca.

moderno

El otro día estaba viendo en televisión un reportaje sobre mercadillos de compraventa de ropa, a lo que una chica muy moderna y muy bien puesta para disfrutar de sus segundos de gloria, hizo gala del agradecido vocabulario castellano siempre dispuesto a hacer acopio de palabras extranjeras. “A mí es que me gusta la ropa vintage”, dijo. Bueno, nada nuevo. Pero entonces escuché detrás mía un “¡ropa usada, so guarra!” y joder, qué risa más grande.

Con esto del mundo conectado punta a punta, del moderneo más repulsivo y del exotérico vocabulario usado en la calle, pretendemos darle la vuelta a todo de un modo casi bochornoso. Sí, es cierto que adornar las palabras y hacer uso de la retórica siempre queda de puta madre cuando se trata de soltar cuatro palabras en el momento y el lugar adecuados. ¡Dejen paso al nuevo Dios moderno! Lleva barba, los pantalones rotos y un libro de un tío que descubrió hace un par de horas, pero ya ha tenido tiempo de pasarse por la librería de segunda mano de su barrio y agenciarse una de sus obras. Probablemente, durante los próximos seis meses, se convierta en su autor favorito.

Es estupendo, porque durante esos seis meses, y hasta que sus amigos lo manden definitivamente a la mierda, tendrá material con el que bombardear y filosofear hasta altas horas de la madrugada mientras escucha a Coltrane en vinilo. Menudo genio Coltrane, por cierto.

En un mundo en el que lo mainstream se ha convertido en la peor de las pesadillas para todo aquel que necesita un espacio vital más allá de las mundanas conversaciones de autobús, lo indie —que, por cierto, significa independiente— se ha ganado por méritos propios un hueco destacado en nuestras estanterías y colecciones. Ha entrado sin hacer ruido, bajo el pretexto de ser diferente y ofrecer algo más que los productos convencionales.

Y es cierto. Gracias modernos. Gracias ropa vintage. La nueva era independiente ha llegado, y lo ha hecho para sacarnos de nuestras casas y clamar al cielo que una nueva forma de entender el mundo ha llegado.

Por ejemplo, ese cómic del que se hablaba hoy en Twitter. ¡Es genial! No es que lo haya leído, pero me han dicho que está genial. De hecho, voy a compartirlo en mi timeline y Facebook. Ya lo leeré. O la última serie de culto de ese director japonés tan difícil de entender. Aunque yo sí lo entiendo, claro está. Joder, ¡es tan buena! No es que el resto de gente sea idiota, ni que yo sea un cerebrito, pero el mensaje me ha llegado, y lo tengo cogido entre las manos.

Lo aprieto muy fuerte, por si se me escapa y ya no puedo gozar de su entendimiento.

No es nada fácil ser indie. Supone un gran esfuerzo, tienes que estar a todo, y nunca sabes por dónde te van a salir. Es un toma y daca. Naruto para mí es una mierda, por cierto. Aunque la idea era buena, está claro que el tipo, el autor, es un pretencioso obcecado por la fama que ha tirado por la borda la oportunidad de ofrecer una trama sólida y bien hilada. Hasta yo podría haber hecho una historia mejor de ninjas. ¡Ninjas!

¿Urasawa? Bueno, no está mal. Me gustó Pluto por Osamu Tezuka. Debió ser increíble trabajar con él. ¿Cómo? ¿Que está muerto? ¡Bobadas! Tezuka semper et ubique!

Internet es una buena herramienta. Nos permite conocer sin saber. Hablar, opinar. Pero a veces no está de más coger ese cristal remilgado por el que miramos, y mandarlo a tomar por culo. No está de más, tampoco, ejercer nuestro derecho y libertad a saber, por cuenta propia. Sin leer al crítico de turno, sin hacer caso al amigo moderno cansino. Que Naruto pueda ser una mierda no quita que sea perfectamente disfrutable.

Y en cualquier caso, siempre hay que pasar por un Naruto para llegar al siguiente escalón. Los juegos independientes, las historias minoritarias, y el cine experimental, forman parte de algo mucho más grande. Unas veces son auténticas obras de arte, pequeñas joyas en un fatídico mar desde el que intentan llegar a la superficie poblada por sus enormes y bien pagados competidores.

Otras veces, simplemente no lo son.

Amigo de lo ajeno y pillado con las manos en la masa, por eso me echaron de aquí.



  • zackner

    Yo siempre he visto los indies, para ser mas exactos los juegos indies, como la cocina moderna (Alta cocina lo llaman algunos) que intentan separarse tanto de lo común que muchas veces, al publico general eso le echa para atrás. Tanta diferenciación o intento del mismo a veces causa mas males que beneficios.

  • Sergi

    El único problema es no aceptar que dentro de los productos más abiertos a cualquier tipo de consumidor (porque tiene una manera de tratar a éste más cercana a lo ya visto, más amable y con menos carga reflexiva, por decir algo) también hay grandes cosas. En videojuegos, por ejemplo, The Last of Us o el último GTA son un par de juegos del copón bendito, buenísimos en lo suyo y que hacen evolucionar al resto se quiera ver o no. Y no pasa nada por admitirlo y luego jugar a The Stanley Parable, o algún JRPG duro de hace veinte años.

    Pero ojo, se puede —y debe— disfrutar de lo minoritario si se gusta de ello. Siempre.

  • sporting200

    Cuando todas las críticas van hacia Naruto y no por ejemplo On Piece que en Japón es más popular y en occidente está también a un nivel bastante alto de popularidad (aunque no tanto como Naruto) igual es porque Naruto merece esas críticas de que la historia cada vez es más absurda y que ni el autor tiene respeto por su obra.

  • Borsalino

    Esto se supone que es una especie de rabieta del autor contra una parte de la juventud actual, ¿no?

    Es un poco patético, no mucho, pero lo es.

    • chibisake

      Primero se lee el artículo, luego se echa la bilis.

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.