El manga para hacer el amor, y la guerra

Un análisis del contexto histórico de Bokko

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Hacía bastantes años de la primera lectura que hice de Bokko, un manga de Hideki Mori publicado por Ponent Mon en nuestro país entre 2007 y 2008 con una aceptación bastante paupérrima entre el público. Pasaron algunos más hasta que me hice con él, y han pasado otros tantos hasta que lo he vuelto a leer. La primera vez me pareció increíble, una de las mejores historias de manga que había tenido la oportunidad de leer. Ahora, con unos años más, y con un recorrido mayor por el vasto mundo del manga, puedo reafirmarme en aquello. Bokko es una de esas historias que no tienen igual, y en este caso con mayor razón: El recorrido que hace la historia de Mori por el pensamiento chino y su influencia en la guerra y su pueblo es de una sobriedad y detallismo asombrosos. Es, además, una obra tan moderna y destacada como lo pueda ser El arte de la guerra, uno de los libros chinos más conocidos e influyentes en occidente, obra del estratega chino Sun Tzu, y escrito originalmente en una época —finales del siglo IV a.C— muy cercana a la que se desarrolla Bokko.

Pero para entender sinapsis de ideas a la que llevan estas obras, grandes fortalezas del antimilitarismo, conviene situarnos en la corriente del pensamiento chino que abundaba en aquellos momentos. Empezando por el confucianismo, la corriente filosófica madre de todo lo que vendría posteriormente en el país chino, que sentaba las bases de la corrección en las relaciones sociales a través de una jerarquía moral y social en armonía directamente relacionada con la tolerancia y el respeto. Bases de cualquier religión posterior, que sin embargo, dejó de lado a los Dioses. Que en torno al siglo V a.C. Confucio llegara a desarrollar un escepticismo en los Dioses a raíz de la guerra y la pérdida de la fe, es algo que da bastante que pensar.

La armonía era fundamental, y también lo era a la hora de gobernar. Leer a los pensadores chinos de la época bajo ese prisma no religioso se contrapone con la utilización repetidas veces del término “mandato del cielo”, que lejos de reflexionar sobre la inconsistencia o no de poderes divinos, venía a estar relacionado con los gobernantes. El cielo favorecía al gobernante justo, mientras que castigaba al aquel que era un déspota con su pueblo. Una “ley” que hablaba de la legitimidad del gobernante y que preveía al pueblo de la oportunidad de formar parte de ese grupo reducido de “hombres superiores” con capacidad para dirigir a su pueblo; una vez más, abruma cómo hace 2500 años ya se hablaba de algo que a día de hoy nos resulta tan lógico. Tienes la oportunidad de ser un gobernante digno para tu pueblo, seas quien seas, provengas de donde provengas, pero si tu desempeño como tal no corresponde con lo que se espera de ti, te vas.

Mozi es la figura —real— que nos presenta Bokko y sobre la que se rige la obra. La figura de un pensador posterior a Confucio, que tras seguir las enseñanzas de éste, decide fundar su propia escuela de pensamiento, basado en un movimiento religioso-militar que nuevamente acuñaba la religión como una forma de vida del pueblo y no como una sumisión a poderes divinos. Y si hubiera algo que abstraer del pensamiento chino de la época y hacía lo que dirigir nuestra atención tantos años después sería eso: La religión como una forma de desempeñar nuestro día a día, de seguir unas normas y regirnos ante ellas. No se habla de Dios y sí de buscar un bien común.

Mozi, fundador del moísmo, y su movimiento, guardan bastantes similitudes con el pensamiento de Sun Tzu de no enfrentarse directamente a tu enemigo. En Bokko asistimos a ese rechazo de la guerra sistemático, a través de la creación de brigadas de moístas entrenados en artes de la guerra cuyo fin era únicamente pacifista. Luchar contra reinos invasores a través de la interposición, del utilitarismo y de una sociedad igualitaria. Al mismo tiempo rechaza categóricamente la figura del aristócrata empedernido que rehuye de los problemas pueblo. Bokko critica con gran persistencia este hecho, y acaba por ser un reflejo profundo del pensamiento de esta corriente. Los gastos de la nobleza, los impuestos y las guerras llevan al pueblo a la miseria y a los estados a la ruina, y hay que erradicarlos.

Este despojo a la autoridad de sus bienes más preciados en favor del pueblo sigue palpable en pleno siglo XXI, en unos casos a niveles que poco difieren del contexto de Bokko —intercambiando las lanzas por las armas de fuego, claro está—, y en otros de una forma más modernizada a través del mecanismo democrático. En cualquier caso, lo que sí lleva a concluir la obra es que dentro del escenario de los Reinos Combatientes, en el que los reinos de Quin, Wei, Han, Zao, Qi, Chu y Yan lucharon por le hegemonía de China, ocurrieron cosas aún hoy relevantes. Independientemente de las posturas budistas y taoístas que posteriormente llegaron a China, cabe destacar que los pueblos precursores contaron con pensadores que ya dejaban de lado la figura de los Dioses para centrarse en la unificación y la devoción por su pueblo.

La guerra no es la solución a nada, y Ge Li, el monje moísta de Bokko ha de luchar no solo contra la ambición de los reinos que se disputan China, sino contra la de su propia colectivo. La corrupción siempre ha estado ahí, y Bokko se esfuerza en ponerla de manifiesto. A través de la ejecución de sus técnicas antimilitares y de llevarse a sí mismo al límite una y mil veces, Ge Li se verá inmerso en una lucha que acabaría por propiciar la Dinastía Quin (221-206 a.C) y la propia desaparición del moísmo como corriente de pensamiento frente a la imposición del confucianismo.

Además de por el carácter histórico y muy enriquecedor que supone Bokko, la obra es muy interesante a niveles de aprendizaje y reflexión a partir de los personajes y sus acciones a través de la obra. Obviamente, no podemos contextualizar los hechos del manga de Hideki Mori en nuestra sociedad actual, pero al igual que El arte de la guerra es objeto de estudio, Bokko es una muy buena introducción a las enseñanzas moístas —siempre bajo la tutela del carácter militar y político, no voy a entrar en otros aspectos— y en general a las de un pensamiento chino que puede ayudar a entender algunos de los problemas que aún hoy persisten en materias de guerra y destrucción social.

Dice el criterio de utilidad moísta que la base para juzgar una doctrina es el bien que aporta a su pueblo. Voy a salvar las distancias, a pensar que la sociedad ha evolucionado todo lo que ha podido evolucionar en estos siglos. Pero al mismo tiempo, quiero recomendar Bokko por su interés histórico. Por la lucha contra el poder y todo aquello que supone la opresión del pueblo. Porque es atrapante y enriquecedora, y especialmente, porque la ambientación —ya no sólo de la guerra, sino de toda la forma de vida, organización amurallada y de eslabones sociales y de poder de la China de entonces— de Hideki Mori es digna de museo.

Imaginad a Ge Li, un hombre dispuesto a darlo todo por un pueblo a punto de ser atacado y devastado por otro reino. Capaz de organizar a todos y capaz de hacer frente al mayor de los ejércitos. Y al mismo tiempo, meses más tarde, de ir hasta el pueblo que había intentado la ofensiva y fracasado, para en esta ocasión servirles a ellos ante el inminente ataque de otro reino. Dejando a un lado toda la parafernalia histórica, que puede traérosla al fresco, la trama es de por sí totalmente trepidante.

Es más, la escenificación de las batallas, de las persecuciones y del ambiente de tensión y crispación en un mundo ahora tan lejano, es de diez. Y aunque mires para otro lado a la hora de entrar a debatir sobre el valor y disposición de los generales de guerra frente al derroche y las orgías de los reyes, algo te llevas a casa. Y al final, oye, igual acabas leyendo algún libro sobre el tema. El saber no ocupa lugar, ya sabéis.

Bokko lleva descatalogada bastante tiempo, pero aún podéis conseguirla en eventos y saldos de tiendas a un precio irrisorio — teniendo en cuenta, además, que la edición de Ponent Mon es muy buena. En cualquier caso, si estáis interesados en la historia, también podéis llegar a ella a través del libro original de Ken’ichi Sakemi, en el que está basado el manga, o de la adaptación en forma de largometraje chino que se hizo de la misma, Battle of Wits, dirigida y guionizada por Jacob Cheung Chi-Leung.

Amigo de lo ajeno y pillado con las manos en la masa, por eso me echaron de aquí.



  • JhonC

    He parado de leer, no he querido acabar. En nada y menos me has hecho saber que debo leerme este manga y por eso no quiero saber más, estoy deseando hacerme con él.

    Muchas gracias por este tipo de entradas, son las que más me gustan de la web.

    • http://www.twitter.com/manutv Manu

      Vuélvete a pasar cuando lo leas! :)

  • Zael

    Llevo entrando en ésta página desde hace algunas semanas, y si hay algo que siempre deseo al entrar es la de una nueva entrada sobre algún manga nuevo. Raro es aquel que no se me haya antojado comprar en el momento de haber leído la reseña.

    Como dice JhonC, “Muchas gracias por este tipo de entradas, son las que más me gustan de la web.”

  • Borsalino

    No había oído hablar nunca de este manga, y eso que en su día rebusqué bastante este tipo de obras, que son en las que más interestado estoy. Se agradece el aporte.

  • _-H-_

    Ponent Mon ha vuelto a apostar por este autor.

    Ha licenciado “La Bestia” (Shishi).

    Tiene buena pinta.

Redactora de artículos variados (Neon Genesis Evangelion, Utena, Nier Automata, Berserk, D.Gray-man) sobre worldbuilding, personajes o narrativa. De vez en cuando alguno de opinión. Tengo un blog donde hago lo mismo pero con libros.