‘Refugiados’, desilusionante inicio de la coproducción entre Atresmedia y la BBC

Un estreno que deja poco claro cuál es el rumbo de la serie o qué quiere contar

refugiados

Hay una regla básica a la hora de vender un producto, y es no anunciarlo como algo que no es. Es cierto que se trata, probablemente, de la regla más corrompida de todos los tiempos, y en muchas ocasiones la jugada le sale bien al que vende. Sin embargo, cuando se trata de productos de entretenimiento cuya estabilidad depende de su aceptación a lo largo del tiempo —la temporada de una serie, que una película aguante más o menos en taquilla— la cosa cambia bastante; o al menos ha cambiado bastante en los últimos años gracias al poder de Internet y las redes sociales.

Cuando ayer por la noche me senté a ver la nueva serie de Atresmedia lo hice lleno de ganas de ver qué era esa serie que llevaban anunciando durante semanas en sus canales como esa estupenda colaboración entre la productora española y la BBC. Parece que en este país el hecho de asociar una producción con el extranjero le da cierta plusvalía, y en cierto modo, es verdad. La tradición española es la de series mediocres de bajo presupuesto, muy encasilladas y poco imaginativas, nada que ver con las grandes producciones de Reino Unido o Estados Unidos, lo cual parece abocarnos ya no sólo sentir un interés extra cuando se nos habla de cosas de fuera, sino a llegar a centrar la promoción de una serie en el hecho de contar con producción internacional.

Refugiados cuenta la historia sobre cómo millones de personas viajan del futuro al pasado —al presente en el que se narra la serie— huyendo de algo. El caos se apodera de ciudades y pueblos, que son incapaces de abastecer en comida y refugio a todas esas personas que han aparecido de la nada y dicen venir de otra era. Llevan una luz roja en el pecho, van semidesnudos y esconden secretos que no pueden revelar. Si hablan con su familia y les cuentan algo sobre el futuro, son detenidos, ellos y sus familiares.

Esa es a grandes rasgos la premisa de la que parte Refugiados, una serie que Atresmedia parecía vender en sus anuncios al más puro estilo The Walking Dead y que acaba por ser una especie de Los 4400 a base de ciencia ficción de rancho.

refugiados 2

Un inicio lento, muy lento, que tenía al espectador más pendiente de los chistes que se iban haciendo sobre Refugiados en Twitter que de la serie en sí misma. Diálogos bocachanclas, expresiones rebuscadas y un guión que no convence demasiado. Ni con estos dos capítulos que hemos podido ver ya, ni con el adelanto que se hacía del siguiente tras finalizar, parece quedarnos claro si el esperpento de Atresmedia —y la BBC— va a centrarse en el género de ciencia ficción, en el ambiente “apocalíptico” o en contarnos los líos que se trae la protagonista con su pasado.

Y es un poco lo que comentaba al principio. Me han vendido la promo, me han vendido que es una coproducción con la gran BBC, y me han vendido un estreno simultáneo en cuatro canales —Antena 3, La Sexta, Neox y Nova—, pero me han dicho muy poco cuando se ha tratado de ofrecer un producto completo y de calidad. Los escenarios y el ambiente de thriller americano están muy bien para tratar de enganchar a un público cansado de ver actores malos y guiones aún peores, pero son sólo una parte del gran juego de las series de televisión.

No me quiero pillar los dedos, pero anoche vimos dos capítulos de los ocho que forman la serie, y es muy distinto hablar de un inicio lento —True Detective lo tiene, por ejemplo— que de un inicio malo, como es el caso. Toca esperar a ver qué nos ofrecen los próximos asaltos de una serie que se ha rendido al formato extranjero: 50 minutos de episodio. La idea es buena, el argumento no está mal del todo. Ojalá remonte. Ojalá podamos empezar a hablar de series españolas de calidad sin colgarnos medallas antes de que empiecen a emitirse.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.