Reseña: ‘Ristorante Paradiso’

La sutileza y delicadeza de Natsume Ono

Hacía bastante tiempo que no escuchaba la preciosa Musica Paradiso, una de las bandas sonoras más bonitas que he tenido el placer de descubrir, compuesta por el grupo ko-ko-ya en 2009 para el anime de Ristorante Paradiso. En estos días, sin embargo, se ha convertido en habitual dentro de mi rutina musical.

Milky Way Ediciones es una editorial fantástica. Lo digo sin ningún tipo de tapujos. En poco más de un año editando manga han vuelto a abrir camino; en este caso, a una de las autoras japonesas más celebradas de los últimos años: Natsume Ono. Lo ha hecho con Ristorante Paradiso, un tomo único que junto a Gente, serie corta de tres tomos, darían forma a ese anime del que os hablaba al principio. Que una autora con un estilo como el de Ono se edite en España era algo, a mi juicio, impensable hace unos pocos meses.

De hecho, tras haber vuelto a leer la historia, ahora en perfecto castellano, sigo sin ser totalmente capaz de vender la historia bajo un pretexto coherente — porque hoy ese va a ser, en última instancia, mi objetivo.

Italia es, sin lugar a dudas, mi destino gastronómico favorito. El encanto de sus trattorias, sumado a los exquisitos platos de pasta acompañados por buen vino y la calidez y cercanía de sus trabajadores, son un combinado perfecto a la hora de introducirte en un mundo en el que la cultura del buen comer impregna tu estancia de la mejor forma posible.

Adentrarme en las páginas de Ristorante Paradiso me hace, inevitablemente, evocar esas gratas experiencias en el país amigo. Más allá de su historia costumbrista, en la que el tejido sentimental es una de sus capas más importantes, lo que realmente me ilusiona de la historia de Ono, localizada en un restaurante de Roma llamado La Casetta dell’Orso, es el reflejo de completa belleza que su localización implica.

Tratar de darle algún valor o puntuación escalar a lo que Natsume Ono hace en Ristorante Paradiso es pretencioso. Su trazo simple pero lleno de fuerza, es el motor de un pasaje a través de la cotidianidad de un grupo de camareros y cocineros que se ven envueltos en la inesperada aparición en la ciudad de la hija de la mujer del dueño del restaurante. No hay sobresaltos, solo delicadeza. No hay subtramas, no hay ningún giro inesperado. En Ristorante Paradiso la música suena por sí sola, y sus personajes danzan al son de ella mientras van apareciendo escalonadamente para que nos quedemos con un pedacito de ellos.

Poco a poco, los ingredientes van cuadrando, y ese atisbo interpersonal entre las distintas facetas del entorno de Ristorante Paradiso confluye para dar lugar a algo irrepetible. La comida está ahí, forma parte del cuadro, pero no es más que un elemento conductor para mostrarnos las destrezas de Natsume Ono contando historias de una forma totalmente distinta a lo que estamos acostumbrados. Rienda suelta a la imaginación, a perdernos en un lugar mágico donde todos los camareros llevan gafas, sonríen en todo momento y te ofrecen el mejor de los tratos. Querrás salir, resarcirte. Disfrutar de cada instante y puede que incluso, cenar — puede hasta que llegues a ser una de esas personas que va a la La Casetta dell’Orso por la comida, ¡quién sabe!

Fundador, redactor jefe y editor de Deculture.es. Jugón desde la vieja escuela, amante de JRPGs y SRPGs, a poder ser de estilo clásico. Lector de cómics, amante del manga clásico.

Ristorante Paradiso
Lo mejor
  • Un cómic verdaderamente único.
  • Sus personajes y sus diálogos, pero también sus silencios.
  • Vale bastante la pena leerlo a tenor del anime.
Lo peor
  • Una historia no apta para quienes busquen una historia menos sútil y más directa con el lector.
  • Que veamos por aquí Gente, su historia anexa, dependerá de cómo funcione Ristorante.



«Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.»

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.