Reseña: ‘Ataque a los Titanes: Antes de la caída’ #1

El manga basado en la novela basada en el manga

Esta será, necesariamente, una reseña más bien corta. Es difícil hablar del primer volumen de Ataque a los Titanes: Antes de la caída, editado por Norma Editorial, sin destripar toda la historia. Por ejemplo, si tuviera que explicar quién es el protagonista, tendría que decir que se trata de Kyklo: un niño al que se considera un monstruo porque le encontraron de pequeño entre el vómito de un titán. Y con esto ya os he desvelado un tercio del contenido del tomo. ¿Veis lo que os decía?

Pero pongámonos en antecedentes. Ataque a los Titanes, de Hajime Isayama, no requiere presentación. Antes de la caída es un manga spin-off dibujado por Satoshi Shiki, y basado en la novela homónima de Ryo Suzukaze. Narra lo ocurrido setenta años antes de los eventos de la serie principal, lo que nos plantea una serie de cuestiones, como: ¿qué interés tiene eso si la humanidad llevaba 100 años a salvo al inicio de la serie? ¿Qué pintaba un titán atacando por las calles en esa época?

Son buenas preguntas. Para explicar la presencia de titanes más allá del Muro María antes de su caída, el manga nos muestra la existencia de una secta que adora a las abominables criaturas. Esto inmediatamente nos recuerda a la religión que adora a las murallas en la historia principal. Pero mientras que la Iglesia del Muro se entiende (a fin de cuentas, son lo que les mantiene con vida), resulta extraño que alguien decida adorar a los titanes. Nada más empezar nos muestran a una mujer cuyo marido, capitán del cuerpo de exploración, ha sido asesinado por ellos… y sin embargo pertenece a la secta. ¿No es fascinante? ¿Qué clase de evolución psicológica lleva a alguien a volverse devoto de los asesinos de su marido? Desde luego, como la serie no lo explica, no tengo ni idea. Es algo que tenemos que aceptar sin más.

La cuestión es que estos sectarios consiguen abrir la puerta, y un titán entra y se los come a todos. Supongo que este es el fin del culto a los titanes. Fue bonito mientras duró. El gigante vomita a la gente que se ha comido y se marcha pacíficamente por donde ha venido. Pero en el vientre de la mujer del capitán, un niño no nato logra sobrevivir y es rescatado…

… Y considerado un titán.

Pasan trece años y empieza la historia de verdad. El niño del titán, que es como llaman a Kyklo, es tratado como un monstruo de feria, comprado y vendido como un esclavo. Ha vivido siempre encadenado, apenas sabe unas pocas palabras y cree que no es humano porque eso es lo que le dicen todos. Ahora bien, el resto del tomo se centra en la evolución mental de este personaje. El problema principal es que no resulta creíble. Esta clase de historias tienen interés porque parten de un supuesto. ‘¿Cómo sería una persona si creciera encerrada, encadenada y tratada sin afecto, sin nadie que le hable?’ La cuestión es que eso ya se ha experimentado en el mundo real y se conoce el resultado: en esas circunstancias, un niño muere en menos de un año.

Pero supongamos que Kyklo es especial y sobrevive hasta los trece años, cuando comienza a aprender sus primeras palabras. Las oye de Xavi, el hijo de la familia de ricachones que le ha comprado, y quien tiene como pasatiempo dar palizas al niño del titán para demostrarse a sí mismo lo prometedor que es como soldado. La hija Carla, aterrorizada ante la idea de tener un peligroso titán viviendo en el sótano, decide bajar a acabar con él y… hasta ahí puedo contar.

No hay mucho más que decir, en realidad. Dado que sólo sale un titán en el tomo al que no enfrentan directamente, y que la historia está centrada en la evolución de Kyklo, apenas hay acción propiamente dicha. Es interesante ver que el armamento del ejército de la época es diferente al de la serie original, mucho más anticuado. El dibujo cumple: muchos dirían que es mejor que el del manga principal, ya que Ataque a los Titanes precisamente es conocido por su un arte un tanto deficiente (sobretodo en los primeros tomos). Aun así, en este manga los diseños se me antojan demasiado genéricos, no me da la sensación de que el diseñador (que no es el propio mangaka, sino Thores Shibamoto, ilustrador de la novela original) haya querido respetar ni siquiera mínimamente el estilo. Aun así, no son malos diseños y se nota el esfuerzo del autor a la hora de reflejar fielmente el mundo en cuanto a arquitectura, ropajes, geografía y todo lo demás. Lo cierto es que los defectos de esta obra vienen casi todos de la dichosa novela, y Satoshi Shiki no tiene mucha responsabilidad en ellos.

No recomendaría Antes de la caída a nadie que no haya leído la obra original (o al menos, visto el anime). Entre los que sí la conocen, creo que podría gustar a la clase de lectores a los que el dibujo de Hajime Isayama siempre les ha molestado y quieren ver la obra trasladada a un estilo diferente, o a los fanáticos que desean conocer hasta el más mínimo detalle del mundo de los titanes. Pero como historia es lenta, rebuscada y demasiado dependiente de la franquicia principal.

Es un manga cuyo protagonista tiene por objetivo último descubrir si es o no un titán. Por favor, ¿alguien podría prestarle un espejo?

Soy un tipo nacido en un pueblo perdido de la provincia de Jaén que colabora en Deculture cuando no está ocupado trabajando en libros y guiones de manga o videojuegos.

Ataque a los Titanes: Antes de la caída #1
Lo mejor
  • Descubrir detalles de la historia y el armamento antiguo del mundo de los titanes.
  • Un dibujo bastante cuidado que traslada con detalle al papel la ambientación original.
Lo peor
  • La historia es tan lenta que se puede resumir el tomo entero en un párrafo.
  • El desarrollo de personajes está omitido (siendo optimistas) o es directamente falso (siendo pesimistas).
  • Hay una sola escena de acción, si es que se puede considerar tal.



«Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.»

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.