Reseña: ‘Noragami’ #3

La penitencia de un siervo
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Desde que Yukine es Shinki de Yato, todo son problemas para él…

Para Hiyori, como humana que ha adquirido poderes casi por casualidad, muchas de las situaciones de su nueva vida la descolocan, como la relación entre los shinki y sus amos, mucho más estrecha (y peligrosa) de lo que hubiera podido imaginar.

Pasando ya al tercer tomo, es posible que mis reseñas contengan spoilers acerca de lo acontecido en los últimos capítulos, por lo que si decidís esperar a disfrutarlo antes de leer mi opinión y dar vuestra opinión, estáis en todo vuestro derecho. Por si acaso, advierto a todos para no provocar malentendidos. Sin más dilación, prosigo a comentar qué me ha parecido el tercer tomo de Noragami, manga dibujado y escrito por el dueto japonés Adachitoka y editado en España por Norma Editorial.

En el segundo tomo nos dejaban con la incertidumbre de nuevos misterios que se unían a los ya expuestos desde el principio del manga, y he de decir que esta tercera entrega ya consigue enganchar al lector si previamente no lo había hecho. Un enigmático personaje aparece, de nombre Nora (“errante”, si traducimos del japonés), un arma con aspecto de niña y marcada por cientos de nombres en su cuerpo, que dice pertenecer al pasado de Yato y decide interaccionar con su antiguo amo en el peor momento posible, cuando éste, debido a la inestabilidad emocional de Yukine, se encuentra cada vez más débil y enfermo debido a su conexión de siervo y dios, acarreando con los pecados del mismo.

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La historia de este tercer tomo se centra, esencialmente, en Yukine. He de decir que el personaje me parece mucho más oscuro si lo comparamos con su versión animada. Quizás sea el dibujo, que transmite un aura mucho más escalofriante al estar plasmado en páginas en blanco y negro, que el anime, mucho más colorido y vistoso. Sin embargo, sigo considerando que Yukine en el manga es mucho más egoísta, borde e irrespetuoso, incluso con la propia Hiyori, con quien en el anime parece despertar enseguida bastante cariño y aprecio.

Eso sí, Yukine es un personaje muy humano. No es el protagonista que decide seguir al héroe porque sí. De la noche a la mañana se entera de que está muerto, no tiene familia ni amigos (ni recuerdos de su vida pasada) y debe obedecer a su amo en todo momento, si eso incluye convertirse en una espada y acabar con demonios que una vez fueron almas en pena como él antes de que Yato lo encontrara y le diera un nombre. Para colmo, su dios no podía ser lo peor posible del folclore japonés, quedándose con su dinero y gastándolo en tonterías, e igualmente haciendo encargos cutres que nada tienen que ver con una posición divina, como puede ser desatascar tuberías o dejar su nombre en los cuartos de baño de las chicas.

Estos pensamientos hacen que poco a poco Yukine se corrompa, decidiendo que, si ya está muerto, puede hacer lo que le venga en gana, ya sea robar o engañar a ancianos para conseguir dinero, menospreciando así a Yato. Poco a poco vamos observando cómo Hiyori descubre las malas intenciones de Yukine, quizás demasiado tarde para el dios, quien ya está sufriendo de manera irremediable los pecados de su Shinki.

Aquí debo opinar que Hiyori me parece un pilar muy importante en el manga. Creo que un personaje como éste es esencial en una historia de estas características y que puede resolver mucho más a través de las palabras que a fuerza bruta. Y no, no la considero para nada un personaje inútil, aunque respeto la opinión de todos. Independientemente de que sea el personaje femenino de la historia (usualmente este papel se le otorga casi siempre a la pareja o apoyo femenino del protagonista), Hiyori ya ha demostrado ser valiente, actuar por sí sola e incluso defenderse de los peligros aunque Yato no se encuentre cerca. Y aunque es cierto que éste la ha salvado de más de un apuro, Hiyori no se queda atrás, alejándose del cliché de protagonista desprotegida que necesita a su héroe para salvar el día.

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En la historia del tercer tomo también vamos conociendo a los secundarios anteriormente presentados. Si bien en el anime la diosa de la guerra Bishamon mostraba desde un primer momento frialdad (algo que se torna grotesco a medida que va avanzando la versión animada, sobre todo de la primera a la segunda temporada), en el manga ya muestra escenas de absoluta ternura con sus armas, quizás con unas expresiones faciales más acordes a la segunda temporada. Cabe decir que Kofuku es uno de mis personajes favoritos, basándose en una idea bastante divertida de camuflar a la diosa de la discordia bajo el nombre de la diosa del comercio. También tenemos a Kazuma, el siervo más cercano y fiel a Bishamon, o eso pensamos, cuando no para de ayudar o mostrar agradecimiento a Yato, el enemigo de su señora. ¿Cuáles son los motivos que le hacen arriesgar la confianza y lealtad a Bishamon? ¿Qué hizo Yato en el pasado para saldar una deuda, si de por sí asesinó a centenas de sus aliados?

Y, sobre todo, ¿quién es Nora, y por qué está tan empeñada en volver con Yato?

Para los amantes de una buena acción plasmada en dibujo recalco que Noragami tiene un dibujo maravilloso desde el primer tomo, y que deja ver el talento de la dibujante durante las últimas páginas del mismo con una escena que, sin duda alguna, emociona a los más sensibles junto a unas palabras bien acertadas por Hiyori. Y es que, para qué nos vamos a engañar, yo personalmente detesto los shippeos de parejas que ya por tener una interacción cercana de amigos o mera relación paternal (que sería el caso de Noragami), se conviertan en la nueva pareja para un doujinshi japonés.

Hasta aquí mi opinión sobre el tercer tomo de este shonen que, aún siendo típico en su género, no deja de entretener al lector con acción y risas aseguradas, considerándolo el mejor tomo hasta el momento al adentrarnos en una trama mucho más oscura y seria.

Noragami #3
Lo mejor
  • Sigue conservando su acción, drama y folclore japonés
  • El ambiente más oscuro le sienta muy bien
  • Los personajes son muy carismáticos
Lo peor
  • El verdadero interés son los personajes y eso va en detrimento del guión