Koji Wada, la voz de una generación

La mariposa se vuelve inmortal

Butter-Fly-Digimon-Adventure

El 8 de abril de 2016 Koji Wada era Trending Topic en España y otros países de habla hispana. Por desgracia, el motivo de que se convirtiera en un tema popular dentro de la red social Twitter no era de celebración, sino de todo lo contrario. Wada fallecía el 3 de abril a los 42 años de edad debido a una lucha contra el cáncer que comenzó en 2003.

La noticia ha sido realmente dolorosa para los fans de Digimon, no en vano ha sido una de las personalidades más importantes de esta franquicia. Su tema musical Butter-Fly, compuesto por Hidenori Chiwata, lo hizo saltar a la fama en 1999, y desde entonces acompañó a numerosos niños y adolescentes que nada más llegar del colegio se disponían a comer su plato de lentejas ilusionados frente a una televisión que, por aquel entonces, aún se preocupaba por ofrecer productos al público menor de edad. Si teníamos suerte y llegábamos a tiempo, nada más darle al botón de encender del mando desaparecían nuestras penas al escuchar la canción de apertura de Digimon Adventure, esa serie que nos hacía soñar con viajar a un mundo digital para conocer a criaturas de alucinante aspecto dispuestas a tendernos la mano para vivir todo tipo de aventuras que nos enseñaban valores comunes como la amistad, pero también otros más inusuales, como puede ser la fragilidad de la vida.

Por aquel entonces Wada pasaba desapercibido para muchos, puesto que la canción de apertura fue reescrita y doblada para España, quedándonos con la no menos emocionante voz de Carlos Lázaro y manteniéndose tan solo las melodías de Chiwata. Si bien creo recordar que la versión original pudo escucharse durante el transcurso de algunos episodios, fue años más tarde, gracias a revistas especializadas en manga y anime — y también a una internet que los adultos aún no lograban comprender del todo — cuando pudimos dejarnos acariciar por la versión original de Butter-Fly, y por tanto, por la emocionante y embriagadora voz del cantante japonés.

Recuerdo que eran tiempos de fiebre, herencia de la época dorada del anime en España. Ya no era tan común ver historias cotidianas sobre adolescentes que descubrían por primera vez el amor, e iba mermando la cantidad de chicas de ojos grandes que, sirviéndose de un objeto cosmético determinado — valía desde un cetro hasta un espejo de maquillaje —, se transformaban en una mujer de ensueño con poderes mágicos. En su lugar comenzaba a florecer la variedad gracias a una generación que había crecido: Por primera vez en nuestro país, existían fans del manga y anime de edad adulta que comenzaron su afición desde la adolescencia y demandaban otro tipo de producto más variado, y las editoriales veían que el manga era un mercado que, si bien quedaba ya lejos de lo alcanzado por Dragon Ball, era un mercado con bastante potencial. En nuestras casas la inmediatez de internet nos permitía soñar con Japón, con su cultura tradicional y popular, y con aprender el idioma. Arrastrados por esta última pasión nos memorizábamos de pe a pa las letras de las canciones que servían de presentación para las series más queridas. Podíamos soñar despiertos, y lo hacíamos con pasión como nunca antes se había hecho, pues aquello seguía siendo algo nuevo.

Los altavoces de nuestros ordenadores vibraban con el sonar de la guitarra eléctrica y la batería, la pantalla del grueso monitor mostraba, con pixeles poco definidos, la escena de apertura que previamente habíamos descargado del eMule y, de repente, nuestro júbilo se alzaba para cantar nada más afloraba la voz de Koji Wada. Aquel momento era único, se terminaba de fraguar un significado mientras sentíamos que por fin conectábamos al cien por cien con la serie. No éramos conscientes en aquel momento, pero Butter-Fly se adhería a nuestros corazones para convertirse en una de las canciones más significativas de nuestra vida. Y después vino Brave Heart, de Ayumi Miyazaki.

Puede que algunos no lleguen a comprenderlo porque no pudieron conectar o no fueron testigos de todo lo citado, pero la marcha de Wada supone tener que despedirse de una parte muy importante de nuestra juventud, tener que decirle adiós a la voz de toda una generación. Y eso duele, creedme que duele.

Autoría de la ilustración que encabeza la noticia: たかな

Fundador, redactor jefe y editor de Deculture.es. Jugón desde la vieja escuela, amante de JRPGs y SRPGs, a poder ser de estilo clásico. Lector de cómics, amante del manga clásico.




“Mi título dice que soy Ingeniero en Telecomunicaciones. Mi puesto de trabajo, que soy desarrollador de software. Pero mi corazón me hace creativo.”

Y es que no podía comenzar a escribir estas líneas sin parafrasear la célebre cita de Satoru Iwata que tan bien define mi dualidad y, ya de paso, mi amor por el mundo del videojuego.