Reseña: ‘El príncipe del mar’

De sirenas siniestras y slice of life
el principe del mar mw header

Milky Way Ediciones es una editorial conocida por traer títulos menos «genéricos» que otras grandes compañías del mismo mercado. Es el caso de uno de los últimos mangas que han licenciado: El príncipe del mar (Ningyo Ouji, «Príncipe de las sirenas») de Kaori Ozaki, cuyo nombre ya nos llegó a España con Los dioses mienten.

El tomo tiene una hermosa portada típica de las grandes ediciones de Milky Way, con el tema del Príncipe, protagonizado por el mar. En su interior encontramos tres historias cortas con protagonistas femeninas diferentes. A pesar de que resulta evidente que pertenecen a una misma mano, el tono y el estilo de narración varían ligeramente según lo que se quiere presentar. Se consigue así una sensación de mayor profesionalidad.

Ametsukigahara


La narración sigue a Akari, una adolescente que vive en la rutina del día a día e imagina, como hacemos todos, qué pasaría si rompiera las normas. ¿Y si faltara a clase? ¿Y si se insinuara al profesor? Quiere vivir, aunque sea sólo por un momento, al límite. Pero de pronto descubre que, a lo mejor, valoraba más de lo que suponía su rutina cuando su mejor amiga empieza a salir con un chico, Kaji y la relación entre ambas se rompe. Akari, al contrario que el resto del mundo, no tiene un futuro definido ni bien pensado. No planea ir a ningún instituto ni universidad concretos,ni siquiera tiene un sueño, como Kaji, que aspira a ser escritor. No tiene, literalmente, nada. Solo transgredir las normas.

el principe del mar 3

Tiempo después, Akari está sola y vive a su aire. Entonces el destino hace que se cruce una vez más con Kaji, desesperado por el rumbo que ha tomado su vida. Akari decide bajarse en la última estación de tren, Ametsukigahara, donde ella y Kaji hablan de temas como la muerte, la reencarnación, y se consuelan el uno al otro. En el fondo, están hablando de la vida.

Es una historia curiosa de estilo slice of life. No creo que se me quede durante mucho tiempo en la cabeza pero tiene imágenes impactantes —en especial dentro de la mentalidad japonesa— que rompen los esquemas. Es el lector quien tiene que averiguar qué es lo que está pasando por la mente de la protagonista, que tiene unas reacciones bastante destructivas y antisociales. Con todo, su actitud no se plasma de una forma cruel o despiadada. La narración es sorprendentemente desapegada en los momentos que en otras historias se considerarían clave —como el acercamiento a un chico— mientras que cuando Akari está sola y libre parece más feliz y humana que nunca. A menos que se viva una experiencia parecida a la de Akari, es difícil comprenderla, pero la historia refleja a  la perfección esa separación entre una persona y la sociedad.

Después están los simbolismos, que me sorprendieron bastante. No solo se representa el acoso y el rencor de formas muy cuidadosas, lo suficiente para que resulten desagradables pero sin necesidad de ir a extremos. También hay claras escenas referentes al sexo —no, no vais a ver nada +18, que os veo— representados sin ningún pudor ni convención social que recuerden al suave shonen o al decorado shojo, aunque el manga sea de este último tipo.

Soy una tormenta

La protagonista es difícil de describir al ser tan poco convencional, pero se la puede catalogar hasta cierto punto como insensible en contraposición con el personaje masculino. Este tiene una actitud mucho más «femenina» según las convenciones japonesas: llora, busca consuelo, se desmorona y se aferra a la otra parte buscando consuelo. Akari piensa que él «ya no es propiedad de nadie» cuando averigua que rompió con su amiga y luego, divertida, lo compara con un «perrito». Luego se niega a darle mayor importancia porque su vida va más allá y se separa de él mientras medita si es capaz de querer a alguien.

Narrativamente no es una obra maestra, ni siquiera tiene una estructura impresionante, pero es una trama reflexiva y que, con algunos lectores, sin duda conectará de una forma muy especial.

el principe del mar 2b

Un día de nieve


Es la segunda historia del tomo, la más breve y, para mi gusto, menos destacable. No se puede hacer un comentario extenso sin desvelar spoilers, por lo que me limitaré a comentar que se cuenta de forma pausada, más con silencios y escenas, una historia que gira alrededor de una biblioteca. Creando una suerte de realismo mágico que juega con las ideas mitológicas de los kami japoneses, el tema central es la primavera que llega siempre tras el invierno. Una idea uy relacionada con la capacidad de brotar de los jóvenes y seguir adelante. Incluso en lugares fríos y crueles, se puede encontrar un pequeño santuario de paz y tranquilidad.

El príncipe del mar


Esta historia protagoniza el tomo, la portada y el título. Y se comprende fácilmente por qué: es una obra más accesible para el público. Manteniendo el estilo tranquilo de Ozaki, en esta ocasión encontramos más texto, aunque las grandes escenas siguen siendo puro dibujo que buscan despertar sentimientos en el lector más que explicar con diálogo qué es lo que está pasando.

Los protagonistas son Mugi, un chico muy enfermizo y delicado, que acaba de mudarse a una isla al sur de Japón con su hermana mayor y el novio de esta, y Matori. Esta es habitante del pueblo y busca constantemente acercarse a Mugi. Ambos no podrían ser más opuestos en reflejo de sus actitudes ante la vida; él es clarito, ella de pelo oscuro; él es tranquilo y cerrado, ella abierta y espontánea. Aunque se podría decir que Matori es la protagonista, el verdadero centro de la historia es Mugi. Mugi y sus relaciones con su hermana mayor y con su hermanastro Kôtaro, un buzo profesional. La hermana es sobreprotectora y no permite que Mugi pase mucho tiempo en el mar, por lo que este contempla con a Kôtaro —moreno, en buena forma física y bastante alegre— con toda una serie de sentimientos encontrados: celos por su relación con su hermana, admiración, envidia y rabia… Kôtaro intenta acercarse a Mugi enseñándole a bucear, pero por su asma, Mugi es incapaz. Siempre se queda aparte, aislado.

Sin embargo, a pesar de sus sentimientos autodestructivos, Mugi es un buen chico y Matori lo sabe por el día que se conocieron: ambos están pasando por problemas familiares y se enfrentan a mudanzas, de modo que pueden comprenderse el uno al otro. Así que ansía romper un poquito esa barrera en la que se ha encerrado, además de desarrollar un importante sentimiento de protección.

el principe del mar 4

Pero el hilo conductor son las sirenas. Kôtaro se hundió una vez demasiado hondo y afirma haber visto una que le salvó la vida. La abuela de Matori les cuenta que existe una cueva donde es posible ver a las sirenas. Y que estas pueden conceder un deseo, si así lo quieren. Y, por supuesto, llega un momento de elegir y de tener que pedir un deseo, aunque sea arriesgando la vida…

Como en la primera parte de este tomo, en El príncipe del mar se juega un poco con los roles de género, rompiendo los clásicos esquemas. Mugi y Matori todavía son más niños que otra cosa y tienen que definirse como adolescentes. Pero Mugi en teoría no puede convertirse en un hombre como le gustaría ser —independiente y fuerte— por su condición física, mientras que Matori adopta una posición mucho más «masculina» al querer proteger y conceder los deseos de su príncipe azul. Hasta es ella la que, mientras lo ve dormido, no puede evitar hacerle alguna que otra trastada o verse tentada de buscar un poquito de contacto íntimo con una inocencia muy infantil.

Serán más felices si desaparezco de sus vidas…

No es que sea algo revolucionario, sino sutil y refrescante, que huye de los clásicos shojo. El hecho de que Matori valore tanto a Mugi cuando este considera que estaría mejor muerto y no la corresponda crea una situación creíble. Son adolescentes, cada uno da prioridad a sus propias idealizaciones, a sus problemas, y a sus miedos. Ambos se ciegan un poco a los verdaderos sentimientos de la otra persona y les queda un largo recorrido para entenderse mutuamente. No es una historia de romance shojo, sino de amor. Uno que podría convertirse en cualquier cosa.

¿Qué podemos decir más allá de los hermosos silencios narrativos o de la trama? Que el dibujo, sin ser el mejor que haya visto, es precioso. Los diseños son simples, delicados y ligeros, diría que hasta minimalistas aunque no llega a ser el caso. Ozaki solo incluye lo que es necesario para resaltar los sentimientos de cada escena. A pesar de la sensación perezosa que transmiten unas pocas transiciones, el ritmo es fluido y muy sencillo de seguir. Las escenas del mar, la aparición de la siniestra sirena —que hizo que se me encogiera el corazón— y el uso de las luces y las sombras para expresar el estado de cada momento son brillantes.

En definitiva, un manga recomendable, en especial la última historia. No es un gran manga pero tampoco pretende serlo. Y en ocasiones resulta que lo sencillo es lo mejor.

el principe del mar 1

El Príncipe del Mar
Lo mejor
  • Historias que no temen romper los esquemas.
  • El precioso dibujo.
  • El realismo de sus personajes.
Lo peor
  • Puede ser difícil identificarse con la primera historia.
  • La segunda no aporta demasiado al tomo.