Reseña: ‘Bride Stories’ #1-2

La maravilla del arte de Kaoru Mori alcanza su mayor esplendor
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Hay historias que no pretenden ser grandes y que, dentro de su simpleza, hacen gala de una increíble calidad y un realismo muy difícil de encontrar en los mangas que normalmente se exportan a occidente. Bride Stories es una de esas historias que consiguen que lo extraño e inaceptable para nuestra sociedad se vea con ojos mucho más amables y cercanos. La pluma de Kaoru Mori ya demostró con la victoriana historia de Emma que comprendía las diferencias culturales y que sabía crear personajes con diferentes puntos de vista. Pero daba la impresión de que se hubiera quedado ahí: con su fetiche por los uniformes de criada inglesa y lo bien que le salían incluso en los doujinshi, Mori parecía haber encontrado su zona de confort. Y cuando un autor se acomoda, es probable que ya no haga cosas tan grandes. Por suerte para todos, Mori ha decidido romper barreras y, con su arte en su punto álgido, ha decidido dibujar a algo que nunca o casi nunca se ha visto:

Bride Stories cuenta la historia de esposas de pueblos de ascendencia turca del siglo XIX de Asia Central, con sus diferentes culturas y circunstancias. Sus protagonistas son una joven de 20 años y su marido de 12. Sólo Mori podía conseguir que algo tan incómodo se vea completamente natural, incluso tratado con humor. La mangaka no impone, no exagera, sólo deja que sus pequeños conflictos y afinidades se desarrollen dentro de sus respectivas personalidades. Todo dentro de una vida cotidiana hermosa que se regodea en los detalles de los hermosos tapices, ropas, caballos y, por supuesto, comida.

Los protagonistas de la serie, aunque sus historias se intercalan en otros tomos con diversos personajes, son Amira y Karluk. Amira procede de un clan de pastores y cazadores que emigran durante el verano. Ya demasiado mayor y poco útil para su familia, se la desposa con un niño de 12 años. Es un matrimonio que no muchos ven con buenos ojos: ¿cómo puede querer nadie casarse con una mujer tan mayor, que pronto no podrá tener más hijos? Sin embargo, la familia Ayhan la acepta con amabilidad. Amira tiene que intentar encontrar su sitio e ir haciendo poco a poco las tareas que se espera de una mujer joven recién casada. Aun así, tiene sus salidas de tono; sus ropas son extrañas, le gusta cazar y a menudo trae ricas piezas para la cena. Esto podría considerarse un poco Mary Sue si no nos enteráramos con el tiempo de que la bisabuela Balkirsh —un gran personaje— proviene también de un clan de cazadores y todavía conserva su arco. Es decir, que son una familia acostumbrada a las «rarezas». Las suficientes para que todos los niños, chicos y chicas, quieran aprender a tirar con arco.

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Los dos primeros tomos abarcan el día a día de Amira. De cómo se hace una amiga bastante chicote, Priya, mientras cuece el pan, de cómo van a buscar a los familiares pastores de su marido e intercambian regalos y comida, de cómo se decoran las casas y de las costumbres más típicas de una familia del siglo XIX.

Sin embargo, una historia no puede seguir sin conflicto y resulta que la familia de Amira, los Hergal, pierde a la hija que habían casado con otro clan cuya ayuda precisan para sobrevivir al invierno. El marido es una persona cruel y monstruosa que mató a la chica a golpes. Pero necesitan su ayuda y las mujeres no son más que piezas intercambiables y que deben tener hijos. Por eso se envía a Azer, el hermano de Amira, y a sus primos Baimat y Joruk, a recuperarla.

En principio consiguen hacerle retroceder y se da a entender, a pesar de los bruscos modales de Azer, que él no desea ese cruel destino para su hermana. Sin embargo, los Hergal no se darán por vencidos. Al fin y al cabo, se trata de la supervivencia del clan y Amira no está embarazada (que nadie se asuste), por lo que se considera que el matrimonio con el niño no es definitivo y puede romperse si así lo considera el padre de la novia.

Es entonces cuando Mori desvela su gran habilidad narrativa, que se desarrollará todavía más en los siguientes tomos: suavemente nos introduce ciertos problemas políticos con los rusos, con la presión a los que se ven sometidas las familias nómadas que se ven arrinconadas por los pueblos que no dejan de aparecer por todos lados y les quitan campos donde dar de comer a sus caballos y ovejas. El enfrentamiento entre nómadas y sedentarios estalla por Amira, pero no es tanto un «secuestrar a la princesa» como un enfrentamiento de voluntades. El pueblo donde viven los Ayhan considera que Amira es un miembro de la familia y los Ergal se niegan a negociar por desprecio a los sedentarios. Y así Mori demuestra que es perfectamente capaz de dibujar toda clase de circunstancias que no se limitan al amor más cliché.

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Como ya he comentado, los dos primeros tomos se centran principalmente en esta pareja y sus problemas con la familia de Amira, aunque también tratan temas como la transmisión de cultura femenina mediante la labor de bordado, el trabajo de la madera, el ocio de las mujeres… Con todo, el personaje que nos guiará es Smith, un inglés que viaja por Asia recopilando tradiciones. Aparece representado como la típica imagen del extranjero raro y empollón —aunque encantador— que tienen los japoneses de los occidentales, con esas gafas que no dejan que se vean sus ojos, y al tener que regresar por problemas políticos a Turquía para buscar cierto artículo, recorrerá Asia Central y nos permitirá ver diferentes pueblos y costumbres.

El ritmo está bastante diluido y seguramente a algunos no les gustará, pero Mori se deja leer porque se basa sobre todo en las imágenes, que lo llenan todo. Ya sólo abrir el primer tomo deja boquiabierto por la calidad de los dibujos, por la minuciosidad con la que se dibuja cada vestido, cada adorno, cada alfombra y cada puerta. Mori siempre ha adorado dibujar vestidos y ha debido encontrar la horma de su zapato porque es un trabajo abrumador y despampanante. No es de extrañar que necesite tiempo para sacar cada capítulo. La belleza de cada página merece muchísimo la pena.

Los personajes no son especialmente destacables. Eso no significa que no tengan personalidad, al contrario, e les puede coger cariño porque son variados y tienen reacciones muy naturales.Karluk es muy maduro y tranquilo, pero no deja de ser un niño con una esposa mayor, más ágil y fuerte que él, lo cual le hace consciente de que todavía es un chiquillo y que no cumple con las expectativas de protección que debería dar. Amira es independiente, sonriente y, en principio, un poco alelada, pero se descubre un trasfondo terrible con la muerte de seres queridos cuando se ve lo mucho que teme por la vida de Karluk cuando cae enfermo. Pero en general no se da cuenta si se burlan de ella y en general le cuesta adaptarse al nuevo ambiente social, por lo que se queda mirando con una pequeña sonrisa tranquila, sin saber bien qué hacer.

La familia Ayhan tiene personalidades diversas y divertidas, aunque lo más interesante son reacciones como la hermana mayor de Karluk, que castiga a su hijo menor sin comer pero por la noche le da comida a Amira para que se la lleve porque no soporta imaginarlo pasando hambre. La actitud de matriarca de Balkirsh es maravillosa, consciente de los problemas que tiene cada miembro de la familia pero que sabe dónde ha de estar el límite de cada intervención.

Y el comportamiento de Azer y sus primos también es brillante, pues se mueven por ayudar a su familia y con esa mentalidad de resignado sometimiento al machismo que justifica sus acciones: Amira es la salvación de nuestra familia, no nos gusta, pero si la debemos sacrificar… Pero son muy capaces de mirar a otro lado o de renunciar a atraparla sólo para ayudarla a escapar a un destino cruel. Es decir, son personajes que tienen contradicciones lógicas. Eso no los hace grandes ni especialmente memorables, pero sí muy disfrutables.

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Y por último, quería comentar el tema incómodo de la historia: una mujer y un niño juntos. Probablemente la situación contraria hubiera provocado todavía más muecas de desagrado, aunque se hubieran comportado exactamente igual que esta pareja; con respeto y paciencia, sin exigencias. Ahora mismo su relación recuerda más a la de dos hermanos cercanos que a la de unos esposos y Mori es perfectamente capaz de desarrollar sus circunstancias con elegancia y naturalidad. Una de las grandes preguntas es ver cómo desarrollará a ambos cuando él crezca y Amira empiece a verle como un adulto.

También hay que tener en cuenta que Mori se atañe a la cultura sobre la que está dibujando y no intenta imponer concepciones posteriores en el tiempo como el feminismo —el único personaje excepcional es Priya, pero sufre mucho, y de forma cómica, por su comportamiento y su futura historia será realmente entretenida y respetuosa con su personalidad—. Los personajes son conscientes de dónde viven y de lo que se espera de ellos, lo cual les causará incomodidades y, en ocasiones, rechazo, pero siempre dentro de su contexto.

La edición, por otra parte, es perfecta. Todos los tomos tienen una imagen completa que une la portada y la contraportada donde aparecen los protagonistas en diferentes situaciones. Además, todos los volúmenes añaden una serie de tiras donde Kaoru Mori, aparte de hacer un poco el tonto, habla de sus experiencias a la hora de crear las diferentes historias. La traducción es muy decente y se nota cariño y sello de calidad.

Así pues, Bride Stories es una de las mejores historias de romance que vais a encontrar en Norma Editorial. No contienen los melodramas de los shojo, tan superficiales y tóxicos, su arte es simplemente maravilloso y la historia se desenvuelve con verdadero respeto y amor por sus personajes. Hay humor, hay amor, hay seriedad y también hay drama, pero todo en su justa medida y siempre por debajo de la vida tradicional y del gusto que siente la autora por deleitarnos con impresionantes escenarios de todo tipo.

Una historia más que recomendable para todos aquellos que quieran leer algo diferente.

Bride Stories #1-2
Lo mejor
  • El apabullante arte
  • La fluidez de las escenas
  • La naturalidad de las relaciones de los personajes
Lo peor
  • La historia puede saber a poco
  • Los personajes no son especialmente interesantes
  • Las circunstancias se comen un poco a los personajes