‘Stranger Things’: mucho más que un homenaje a la cultura pop de los 80

La muestra de que aún se pueden hacer trabajos maduros, respetuosos y actualizados que no se basan en la nostalgia fácil
Stranger Things

La nostalgia hacia décadas pasadas es algo que siempre nos acompaña una vez llegamos a la edad adulta. Incluso los adolescentes y jóvenes pueden sentir cierto tipo de nostalgia hacia algo relativamente reciente. Esta tristeza melancólica no solo provoca que echemos de menos momentos positivos del pasado, sino que en muchas ocasiones buscamos saciarla gastando nuestro dinero en ‘caprichos’ de aquellas épocas: Madelman, tebeos antiguos, muñecos clásicos de las Tortugas Ninja o Star Wars, una Atari y los Tamagotchi originales son claros ejemplos de esta necesidad de recuperar material o visualmente aquello que formó parte de nuestras aficiones pasadas.

El negocio está ahí, y las compañías saben que es algo que se puede explotar para hacer caja. El problema viene siendo el cómo. En los medios audiovisuales es común ver malas prácticas de este tipo de negocios. Películas, series y cortometrajes que recurren al cliché barato o la referencia fácil a películas de los 80 y 90 que demuestra esta tendencia hacia la rentabilización de la nostalgia, pero que se deja por el camino lo que de verdad importa: que el producto no sea solamente algo superficial, palomitero, carente de contenido y falto de cariño hacia la cultura pop de esas épocas a las que se está haciendo referencia. Películas como Freddy vs Jason son claro ejemplo de esto, incluso si nos vamos aún más atrás en el tiempo podemos ver que ya las últimas películas basadas en el universo de Pesadilla en Elm Street y Robocop explotan cruel y vagamente la popularidad y nostalgia hacia estas figuras, ofreciendo un placebo que tan solo funciona y da el pego de cara a la galería, pero que poco tiene ya de lo que fue o supuso el producto original. Por todo esto, hoy día me suelo mostrar cauto cuando, para venderte un producto, se hace una llamada a las “décadas de tu infancia“.

Stranger Things, el producto original de Netflix, llegaba recientemente a la plataforma de vídeo bajo demanda. Una primera temporada de ocho episodios a la que, por suerte, he llegado virgen, sin tragar destripes. Supe de ella en una boda a la que asistí recientemente como invitado, a través de una amiga aficionada a las series y novelas de fantasía. Ella cuidó de no crear en mi expectativas, y de hecho ni siquiera me habló apenas nada de la serie. Ni siquiera sabía que iba a estar ante el que probablemente sea el mejor homenaje a la nostalgia que se ha realizado en las últimas décadas. ¿Las razones? Las iremos viendo a continuación.

‘Stranger Things’: la nostalgia tejida a mano

Los directores Matt Duffer y Ross Duffer nos invitan a regresar a 1983 y visitar el pueblo ficticio de Hawkins, situado en el estado de Indiana. En aquel lugar apartado y tranquilo, donde nunca se rompe la armonía, se nos presenta en primer lugar a cuatro pequeños chavales que disfrutan de una partida de rol de mesa. Ellos son Mike Wheeler –Finn Wolfhard-, Dustin Henderson –Gaten Matarazzo-, Lucas Sinclair –Caleb McLaughlin– y Will Byers –Noah Schnapp. Tras una serie de frases con las que se identificarán los roleros más viejunos, toca que cada uno regrese a sus nidos. Dustin, Lucas y Will han de irse a sus casas en bici, y es cuando la armonía de aquel pueblo comienza a romperse por completo. Una misteriosa figura escapa de unas instalaciones del Gobierno donde se organizan actividades secretas, a espalda de la población estadounidense. Esta criatura sin identificar se topa en la carretera con Will, quien huye de su amenaza durante varios minutos de tensión para, finalmente desaparecer. No se sabe qué ha sido de él.

La desaparición de Will causa una gran conmoción en aquel pueblo, siendo la primera de una serie de sucesos que alterarán la calma y paz de aquel pueblo: agentes del gobierno que no dudan en matar a quienes sepan más de la cuenta, hechos extraños y paranormales sin explicación aparente, y una misteriosa chica apodada OnceMillie Bobby Brown en la vida real- que parece saber más de la cuenta sobre todo lo que está ocurriendo allí.

Stranger Things niños

Vi la temporada entera en tan solo un día y medio, por lo que podéis haceros a la idea de mis impresiones sobre la misma. Es raro encontrarse con un producto así en estos días, puesto que Stranger Things no solo es una vuelta a décadas, géneros y sellos del pasado -principalmente de los años 80-, sino que también aporta una historia hilada con cariño y conocimiento de la industria y tendencias de la época, aportando una estructura argumental mucho más sólida que entonces que no hace sino mejorar el producto final. Stranger Things no es solo un homenaje, sino que también es un producto con identidad propia y perfectamente disfrutable por las generaciones más jóvenes.

La serie no solo incluye referencias a productos como Dungeons & Dragons, El señor de los Anillos, Atari o Star Wars, entre otros tantos, sino que es un cóctel de géneros tan dispares como la aventura, el thriller, la ciencia ficción y el slasher. Dicho así, y a bote pronto, uno puede pensar que la mezcla de estos géneros es como intentar mezclar agua y aceite, sin embargo todo encaja e hila a la perfección debido a la decisión de estructurar la historia en tres partes muy bien entrelazadas y cohesionadas.

 

Tres perspectivas o rutas que dan sentido a ‘Stranger Things’

La primera es la perspectiva adulta de lo que está ocurriendo, centrada principalmente en los personajes de Joyce Byers –Winona Ryder-, la madre de Will, y el detective Jim Hooper –David Harbour. Sin dejar a un lado los breves guiños a Polstergeist o Pesadilla en Elm Street, esta parte se dedica más a la investigación en torno al misterio. Mientras Joyce lucha por hacer ver a los demás que aquello que ha visto no es producto del delirio ni de un proceso postraumático debido a la desaparición de su hijo, será Jim quien, mediante la interacción con las otras dos perspectivas, vaya atando cabos y decida dar validez a las palabras de Joyce. Aunque hay referencias a los 80, esta perspectiva personalmente me recuerda mucho más a las series de los 90, con un pueblo que ve alterada su paz de manera abrupta a lo Twin Peaks o con situaciones a lo Expediente X. Eso sí, no podemos olvidarnos de que también hay claras referencias a películas de los 80 como Silkwood, así como las habituales escenas de alargados pasillos blancos y estrechos que intencionadamente causan sensación de angustia.

Stranger Things - Nancy

La perspectiva adolescente de los hechos está repleta de referencias al cine slasher, aunque bien es cierto que para mantener cierta coherencia con las otras dos perspectivas se adquiere un tono más azucarado que las cintas habituales del género. Los principales actores de este punto de vista de los hechos son la hermana de Mike, Nancy Wheeler –Natalia Dyer-, y Jonathan Byers –Charlie Heaton-, hermano de Will e hijo de Joyce. A mi parecer es la parte más floja de las tres que ofrece Stranger Things, especialmente porque hay personajes a los que se les da muy poco calor, como por ejemplo Barbara ‘Barb’ Holland –Shannon Purser-, la cual tras dos episodios no vuelve a aparecer. Algunos fans han mostrado su queja al respecto, puesto que parece que es un personaje florero puesto exclusivamente para motivar a la protagonista a intentar resolver el misterio que se cierne en torno al pueblo. Sin embargo, los hermanos Duffer ya han confirmado que en la hipotética segunda temporada la volveremos a ver. Pese a todo, reconozco que la parte final de esta perspectiva me ha dejado satisfecho.

La tercera y última de las perspectivas, la infantil, es la más inocente, cómica y aventurera, pero también la que más me ha atrapado. Todas las referencias frikis, e incluso guiños a géneros y a la década de los 80 se condensan sin llegar a saturar en esta parte más inocente y de fantasía. Los pequeños protagonistas, junto con su invitada especial, no dudan en recurrir a Dungeons & Dragons, El Señor de los Anillos e incluso la ciencia para encontrar una explicación a los sucesos paranormales que se dan e intentar rescatar con vida a su amigo Will. Estas referencias son introducidas con naturalidad, como parte de la psicología y de las aficiones de los chicos, por lo que se digieren fácilmente y, sobre todo, no parecen introducidas con calzador. Toda esta parte es un homenaje a Steven Spielberg y películas como E.T. y Los Goonies, donde un grupo de amigos pretenden vivir una heroica aventura ataviados de sus bicicletas y, sobre todo, de la fantasía despertada por su imaginación. No pueden faltar situaciones y personajes recurrentes, como los matones del colegio o el profesor de ciencia que aviva la pasión de los chavales. Pero a diferencia de otras películas y series de los 80, en Stranger Things estos personajes secundarios provocan o permiten en cierto momento que la historia de un giro o pueda continuar, haciendo que su presencia en la historia tenga un sentido coherente.

Stranger Things Winona Ryder

Estas tres perspectivas se van entrecruzando una y otra vez durante el desarrollo de la serie, e incluso personajes de una de ellas acaban influenciando a los protagonistas de las otras dos. Si bien cada parte comienza con su propia investigación por separado y al margen del conocimiento de los demás, la interacción entre los personajes provoca que al final todos los protagonistas acaban uniéndose para unir piezas y lograr su objetivo común.

La presencia de rostros desconocidos, pero muy talentosos, en la serie propicia una mayor inmersión y credibilidad a la historia. Incluso Winona Ryder se desprende del halo que forja su fama para convertirse en otro rostro anónimo que encaja perfectamente con el resto de personajes. En ningún momento los directores buscan que las caras famosas destaquen por encima de los demás, dejando que en su lugar los intérpretes vayan reluciendo por su propio talento y el papel que juegan. El mismo detective Jim Hooper pasa de ser un don nadie y un vago acomodado a un personaje de interés que se involucra por los demás. Lo mismo ocurre con Once, que pasa de ser un personaje que tan solo despierta curiosidad a robar nuestra atención conforme la serie va tomando marcha. Y esto se repite con los distintos protagonistas de la serie: cada uno tiene su momento de luz propia y ninguno de ellos destaca por encima de los demás. Otra cosa son ya las preferencias personales.

Lo que está mal en ‘Stranger Things’

Pese a que la serie me parece sobresaliente y con personalidad, pues no es un simple cúmulo de guiños a una época, sino que es un producto sólido y muy bien hilado, he de reconocer que tiene sus bichos, y algunos de ellos muy importantes.

Atención, porque lo comentado en los siguientes párrafo son spoilers que recomiendo saltarse a quienes no hayan visto aún la serie.

La breve aparición de algunos personajes que parecen relevantes suponen pequeños talones de aquiles para la serie y evitan que se la considere como un trabajo digno de un diez. En primer lugar, el breve pseudoromance entre Mike y Once carece de sentido alguno. ¿Realmente aporta algo a la película? La respuesta es no. Ya tenemos romance en la ruta slasher de la serie, ¿por qué forzarlo entre niños que aún no han llegado a la pubertad y no han visto despertada ese proceso químico llamado amor?

Otro par de “bichos” menores. La madre de Eleven tiene una presencia anecdótica que tan solo sirve para explicar y dar coherencia a los experimentos que se llevan a cabo en el edificio del Gobierno, algo que también podría haberse explicado a modo de flashbacks, o incluso a través de documentos. La ya citada muerte de Barb da sentido a la estructura slasher de la perspectiva adolescente sobre lo ocurrido en el pueblo, pero a la vez dejará fríos a quienes hayan deseado conocerla un poco más.

El gran “pero” del hilo de la serie lo encontramos al comparar la innecesaria muerte “porque sí” del dueño de la hamburguesería para que luego tanto Joyce como Jim escapen de las garras del gobierno tan fácilmente. De hecho, que estos últimos tengan la oportunidad de explicarse, cuando sus investigaciones son mucho más profundas que las del dueño de la hamburguesería -quien no sabía absolutamente nada del follón que se iba a montar en el pueblo-, carece de todo tipo de sentido. Y que encima los dejen “escapar” a la otra dimensión, cuando ello complicaría todavía más una justificación de sus muertes, es algo que me saca totalmente de la serie y me devuelve al sofá.

Fin de los spoilers.

Stranger Things - niños en bicicleta

No es cosa de frikis

Con respecto al desenlace de la serie, me ha fascinado ver lo bien que convergen las tres perspectivas para convertirse en una sola, capaz de desvelar el misterio que gira entorno a aquel pueblo y dar con el paradero de Will. Incluso el momento final de cuando Will va al baño, dejando un mensaje de continuidad para la serie y a la vez de incertidumbre. Es cierto que Joyce y Jim podrían haber tenido algún momento de tensión o angustia una vez se adentran ya en la recta final de su investigación, aunque siendo sinceros, y a pesar de ese importante “pero” mencionado en la sección de spoilers, no puedo estar más satisfecho con esta primera temporada.

Me es imposible cerrar el artículo sin dedicar unas palabras a la magnífica banda sonora de la serie. Desde el tema principal, que se acompaña de un logo que recuerda a los títulos de los trabajo de Stephen King, hasta Elegia, las canciones que presentan o acompañan todas y cada una de las escenas son realmente inmersivas y evocadoras de una década ya pasada. En una palabra: sintetizadores. Kyle Dixon y Michael Stein son los responsables de esta oda sonora a nuestra infancia o juventud.

Esta primera temporada es suficiente para cumplir las expectativas de quien espera estar ante un trabajo sólido y de calidad. Tan solo ocho episodios bastan para saciar el hambre de buenas series de fantasía, que tanta falta hacen. La presencia de talentos anónimos hasta la fecha, que no todo sean “actores famosos y guapos”, aporta una naturalidad y credibilidad de la que carecen muchas otras series y películas, donde la satisfacción del espectador depende más del desarrollo de la historia que del conjunto “argumento y actores”. Stranger Things es mucho más que un homenaje a toda una década. Es una muestra respetuosa que prueba que es posible ganarse una identidad y reconocimiento rescatando, actualizando y sobre todo respetando con coherencia géneros y recursos del pasado. De este modo se evita que el producto acabe siendo etiquetado como “solo para nostálgicos y frikis” y se permita que un público aún más amplio pueda disfrutarlo, todo ello sin venderse a los extremos de lo comercial y lo superficial.




  • Manu-G

    Inicialmente la tomé como si fuese Super 8, pero se te olvida rápidamente.