Análisis: ‘Bravely Second: End Layer’

Nuestro complot fetén
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No es un secreto que para muchos de esta casa Bravely Default: Where the Fairy Flies fue una verdadera sorpresa que aplaudimos a dos manos. La propuesta para Nintendo 3DS que nos traía tras tantos años el sabor de los clásicos del JRPG mezclado con las posibilidades actuales de las portátiles era atractiva, y una de las bandas sonoras más memorables de la última década cerró el trato. Además, unos divertidos diálogos y un sistema de combate bien planteado logró que el título de Silicon Studio y Square-Enix nos calara muy hondo. Y es hoy cuando me toca hablar de su secuela, Bravely Second: End Layer. ¿Estaría a la altura de lo que nos supuso el original?

Mi experiencia con el título no comenzó al introducir el cartucho. Como ya ocurrió con Default, la compañía nos presentó una breve precuela en forma de demo. Bravely Second: The Ballad of the Three Cavaliers nos mostraba qué iba a ofrecer el juego final, nos presentaba a sus dos nuevos protagonistas y algunos de los villanos y trabajos que aparecerían por primera vez en la saga, como la ojo de halcón, el exorcista o el hechicero.

También nos adelantaba unos pequeños cambios que revisaban las quejas de los jugadores del original. Como bien sabréis, el sistema de batalla se basa en la gestión eficiente de turnos. Puedes acumular acciones defendiéndote durante la ronda y usarlas en conjunto más adelante o emplearlas de antemano y pasar los siguientes turnos recuperando el tiempo adelantado (y además, aprovechar las habilidades pasivas para poner el combate a tu favor). Eso hacía que la estrategia habitual de entrenamiento consistiera en consumir el máximo de acciones al mismo tiempo para deshacerte de todos los enemigos antes de que devuelvan el golpe.

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Claro está, eso causaba que tuviéramos que estar ajustando constantemente las estrategias en unos procesos que se hacían más largos de la cuenta. Ahora, por suerte podemos registrar nuestras configuraciones favoritas (tanto de trabajos, equipos y habilidades, como de los ataques realizados en cada turno) y asignarlas de forma más rápida duplicando elecciones con tan sólo pulsar un botón, lo que facilita y agiliza aún más los combates contra masillas.

Otra mejora muy de agradecer radica en la forma de encadenar combates para aumentar los puntos de experiencia, de trabajo y el dinero obtenido. Si bien en el original simplemente contábamos con multiplicadores que crecían en base de los combates ganados cumpliendo ciertas condiciones, este título nos permite, previa victoria en un turno, pasar al siguiente grupo de enemigos (ahorrándonos tener que caminar y dando un bonus a las tres recolecciones), un detalle muy de agradecer cuando prefieres avanzar arramblando con todos los rivales. Además, exige un poco más de estrategia al jugador, ya que los turnos consumidos en la cadena seguirán usados en combates posteriores. ¿Cuántos combates seguidos podremos ganar sin que nos toquen?

Otra de las novedades de interés es la nueva forma de gestionar el bestiario para los jugadores que disfruten del lore. Al vencer a un monstruo lo registrarás en el diario de Yew, el protagonista. Pero si sigues venciendo a criaturas de su especie, el resto del equipo irá añadiendo comentarios que a veces nos sacarán una risa y otras tantas nos darán información del mundo del juego que no podremos conocer de ninguna otra forma, dotando de una profundidad adicional hasta al más simple goblin.

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Y tras un tiempo, pude disfrutar del juego que nos ocupa. Con el cartucho de Bravely Second: End Layer en mi consola me dispuse a disfrutar de un título que, basado en lo que ya había visto en la demo se trataba de más y mejor, deshaciéndose de muchos de los puntos flacos de la precuela (gracias a vuestra deidad de elección, no hay que repetir ciclos una y otra vez), equilibrando el sistema de trabajos para eliminar algunas de las estrategias que trivializaban hasta el más complicado de los enemigos y trayendo ideas nuevas a la mezcla (aunque por desgracia, a costa de algunos de mis oficios favoritos), presentando hasta un total de 30 trabajos jugables, cada uno con un traje para cada protagonista.

En lo que respecta a la historia puedo encontrar un gran salto cualitativo respecto a la precuela. Si bien el primer juego simplemente buscaba traernos los recuerdos de los clásicos Final Fantasy (si bien con pinceladas que llegan más allá), aquí se pueden permitir tomar una historia más profunda, capitalizando en temas de fondo de la primera entrega como las consecuencias de la corrupción de la Ortodoxia del Cristal y las verdaderas causas del auge del Ducado de Eternia, presentando interacciones más creíbles.

Por su parte, la mayoría de las misiones secundarias nos muestran qué ha sido del antiguo ejército contra el que nos enfrentamos en el anterior título con, en mi opinión, diversos grados de interés y realismo. Esas misiones también nos muestran partes más mundanas de Luxendarc, dándole credibilidad como un organismo vivo más allá de las historias principales, lo que no deja de ser un acierto y una forma adicional de traernos un trasfondo rico para algo que, de otra forma, podría pasar como un relato superficial y sin pretensiones.

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Desgraciadamente mis palabras acerca del final no son tan buenas. Tras cierto punto en el juego se resuelve (o, según como lo veamos, esclarece) el conflicto principal, pero aún quedan amenazas e hilos por cerrar. Quizá sea una visión personal, pero los últimos compases del juego terminan resultando irrelevantes, simplemente un viaje para llegar al jefe final, darle un par de hostias y disfrutar de una conclusión no demasiado satisfactoria. Culpa de ello es la molesta e innecesaria trama amorosa (¡por cuatriplicado, para más inri!) de las cuales sólo uno o dos de sus puntos me causaron simpatía. No obstante, en conjunto, la historia edifica sobre las bases de lo anterior y es un salto hacia delante.

Donde sí que he de frenarme en seco es en la banda sonora. Para mí, Revo es uno de los mejores compositores de esta época y gran parte de la personalidad del título, sabiendo dar alma a cada uno de los personajes y situaciones. Desgraciadamente, en esta ocasión, la música es obra de Ryo, de Supercell y si bien muchas de las canciones son capaces de quedarse en mi cabeza y aplaudir su calidad, el nivel por lo general ha decaído bastante, especialmente en los temas de los ataques especiales, totalmente desprovistos de identidad y limitándose a ser cañeros. Por suerte, muchos temas antiguos vuelven en esta entrega, así que todos contentos.

No obstante, y en resumen, vuelvo a mi hipótesis inicial: Bravely Second: End Layer es más, es mejor y sus virtudes eclipsan a sus defectos. Un juego de rol de sabor clásico, de nuevo, con especias modernas y un gran acierto que es indispensable en la estantería de cualquier fan del género.

8.5
Bravely Second: End Layer
Lo mejor
  • Más Bravely, que sigue siendo un dulce
  • Sistema más equilibrado y con mejoras jugables
  • Historia de mayor interés
  • Diálogos divertidos y bestiario completo
Lo peor
  • Los últimos compases del juego
  • Las tramas amorosas
  • Que no vuelva Revo