Análisis: ‘God Eater 2: Rage Burst’

Un mundo roto que no necesita falsos dioses
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Dios ha muerto. Nietzsche no tuvo el mínimo reparo en afirmarlo hace más de cien años, condenando al ser humano por dejar de lado cuestiones de gran importancia como la moralidad y la fe. El progreso nos ha llevado por caminos oscuros que podrían dirigirnos hacia la propia extinción de no tener cuidado. Es por ello poético el destino que nos ha aguardado en God Eater 2: Rage Burst, segunda entrega de la saga de Bandai Namco.

Los dioses han desaprobado las acciones de la humanidad y hemos sido castigados con los aragami, criaturas capaces de devorar todo aquello que encuentran. Sólo los devoradioses, un grupo de élite equipados con armas celestiales milagrosas, son capaces de hacer frente a la amenaza que nos ha empujado al borde de la extinción. El primer juego nos daba una luz de esperanza, una oportunidad de llegar a salvarnos: las consecuencias quedan expuestas en esta secuela.

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DIOS HA RESUCITADO


God Eater 2: Rage Burst no se corta un pelo en seguir el camino de su predecesor. Sigue siendo la misma clase de videojuego: un hack’n’slash centrado en la caza de monstruos. Al igual que otros en su género, el planteamiento para derrotar a un enemigo pasa por fases de planificación, adaptación en combate y conocimiento de los puntos débiles de los contrincantes.

No hay problema alguno en este género. Se sigue tratando de una clase de juegos muy cerrado al gran público, aunque esta saga es mucho más accesible que otros de sus semejantes. El combate simplificado y la dificultad más baja hacen que sea un título perfecto en el que iniciarse, o sencillamente entrar a jugar sin mayores preocupaciones con amigos en el multijugador.

Pero todo esto ya sucedía también con el God Eater original. El gran problema que trae esta entrega consigo es lo extremadamente continuista que pueda llegar a ser, sin variar la fórmula más que en el nivel de contenido y un par de funciones. Es tal el nivel que los gráficos y algunos de los elementos se repiten con respecto Resurrection, remake del original que se incluye en este juego. El reciclaje se encuentra a la orden del día, para bien o para mal.

Esto hace que el juego no sea todo lo grande que podría. Técnicamente queda algo pobre, con gráficos no excesivamente potentes. Además, el hecho de que provenga de una portátil como fue la PSP hace que no quede a la altura con otros títulos más adelantados, aunque su actualización a consolas actuales sea bastante digna.

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MAYOR CANTIDAD PARA MASTICAR


Si hay algo que destacar de God Eater 2: Rage Burst es que su filosofía se centra en aumentar todo en número. Más escenarios, más enemigos, más armas. Es cierto que mucho de lo que vemos es reciclado del título anterior, pero eso enriquece a la larga al poder disponer de muchas más cosas para evitar caer en la repetición.

Uno de los aspectos más notorios en los que este planteamiento se hace notar es en el número de contrincantes en el mapa. Podremos estar enfrentándonos a numerosos enemigos a la vez y tendremos que adaptarnos a este nuevo estilo de combate, ya que será difícil evitar vernos rodeados en muchas ocasiones. Esto se hace notar especialmente con una nueva clase de enemigos, los psiónicos, que invocarán y controlarán otros aragamis para darnos más de un problema y nos exigirán una mayor adaptación en combate.

A cambio de esta complicación contamos con un gran arsenal para luchar contra ellos. El número de armas y la clase de estas puede resultar impresionante, desde espadas hasta guadañas. Cada una de estas se controla de forma diferente y hace más dinámicos los combates especialmente en el multijugador, pudiendo cada uno de los jugadores especializarse en una clase diferente.

Es en este modo de juego donde sin duda mejor lo he pasado a título personal. Reunirse con otros amantes del género y avanzar en las misiones es una de las mejores formas que existen para desconectar, especialmente cuando existe cierta organización. Pero puede ser también un arma de doble filo: jugar con desconocidos puede resultar algo difícil de llevar, no por falta de orden sino por lograr reunir a más de un usuario en el online. El multijugador en abierto no está demasiado poblado, y el hecho de que para jugar con desconocidos sea casi necesario estar ubicado más o menos en el mismo punto de la historia hace que la mayoría de partidas se centren en el postgame.

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LA MALDICIÓN DE NIETZSCHE


Por suerte el multijugador no es esencial, al contrario que en otros títulos del mismo género. La campaña individual es uno de los mayores puntos fuertes de esta saga, con especial énfasis en un argumento lleno de sorpresas y personajes carismáticos a los que se coge mucho cariño.

En esta entrega el juego se centra en ampliar nuestro conocimiento del mundo postapocalíptico en el que viven nuestros protagonistas. Se presta mayor atención a los seres humanos que no pertenecen a las fuerzas de los devoradioses y se presta especial atención a la política, con una perspectiva muy diferente a la vista en la primera parte, que se centraba en la ciencia y la convivencia con los aragami.

Todo esto juega a favor de God Eater 2: Rage Burst, pero con un coste importante. La auténtica historia del juego tarda en arrancar, obligándonos antes a conocer en profundidad ese mundo y los personajes que nos acompañan. Puede resultar algo lógico dicho en alto, pero lo encuentro algo molesto cuando podrían haberse compatibilizado ambos para hacer progresar la historia mucho mejor y que hubiese aparecido antes. Me parece triste porque muchos jugadores quizás no lleguen a ver la auténtica chicha en su argumento, que puede resultar sorprendente, y se quedarán con las tramas episódicas que vienen antes para ampliar el universo de la saga.

Pero si podemos ignorar esto encontramos muchas cosas positivas ganadas a cambio. La más destacable es la agregación de capítulos de personajes, historias opcionales que no podemos jugar en multijugador que profundizan en el desarrollo de nuestros compañeros. En el análisis de la primera entrega señalé que uno de los grandes problemas del juego era la falta de algo así, y me alegra ver este formato de misiones optativas.

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CONCLUSIONES


God Eater 2: Rage Burst es un título potente, aunque tenga que pagarlo con el reciclaje de contenido y quedando algo pobre en el aspecto técnico por ser un juego originario de PSP. Supera a la primera entrega por aumentar en número todas sus características y mejorar algunos de sus puntos débiles, como los capítulos de personajes, pero de no gustarte el primer juego no encontrarás gran novedad en este.

Pero es altamente recomendable para cualquiera que quiera probar este género: es la mejor manera de entrar en él. Si puedes jugarlo con al menos un amigo disfrutarás más incluso, y si no la campaña principal sigue siendo uno de sus mejores puntos. Además, el hecho de que incluya el remake del primer juego de regalo en formato digital hace la adquisición mucho más interesante. Merece la pena comprobar cuánta razón tenía Nietzsche.

7.5
'God Eater 2: Rage Burst'
Lo mejor
  • Todo crece en número con respecto a la primera entrega
  • Historia interesante y potente
  • Capítulos de personajes opcionales
Lo peor
  • Gran reciclaje de muchos elementos del primer juego
  • Dificultades para encontrar jugadores en el online