Análisis: ‘Yoshi’s New Island’

La cigüeña la vuelve a liar
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Ah, los noventa. Qué bien aceptaba la gente que hicieran cosas como ponerle un gran 2 a un juego y traernos algo que no tuviera que ver nada con el original. Super Mario World 2: Yoshi’s Island fue uno de ellos y demostró que, si bien no tenía nada que ver con el original más allá de la gorra roja del fontanero, seguía siendo digno del sello de la Gran N. Desde entonces, Yoshi se ha vuelto un personaje de pleno derecho de la franquicia, protagonizando títulos de diversa índole. Pero sólo dos decidieron retomar la faceta de canguro del dinosaurio más famoso de Nintendo: Yoshi’s Island DS y Yoshi’s New Island, el juego que nos ocupa.

Y es que incluso la compañía de Kioto reconoce que la edición para Nintendo DS es divisiva. Personalmente, la disfruté muchísimo, pero no hay más que preguntar a un par de personas para ver cómo la mera mención del título es capaz de desencadenar una guerra civil que no tenga nada que envidiar a la de Capitán América y Iron Man. Por tanto, y en aras de la salud mental, dejemos dicha aventura apartada tal y como hace New Island.

Situándose al final del clásico juego de Super Nintendo, los Yoshi han podido lograr que la cigüeña alcanzara, por fin, a los padres de Mario y Luigi. Todos felices y comieron perdices hasta que se desvela (¡ah! ¡sorpresa!) que tanta aventura confundió al ave y acabó llevándolo a un hogar incorrecto. Con esta premisa que roza lo ofensivo para los que recordamos el original con cariño, comienza el juego.

No obstante, un servidor se sobrepone pensando que pocas historias de esta casa pretenden ser tomadas en serio y se pone a los mangos de su Nintendo 3DS para ver qué ofrece este juego. ¿Lo primero que me llama la atención? Los gráficos, que se alejan del estilo cartoon de bordes gruesos, dibujo infantil y colores vivos para caer en unas acuarelas de colores pastel que, si bien son capaces de defenderse de forma válida como estilo artístico, no parecen estar al nivel del original.

Y es que no dejo de tener la sensación de que todo pretende apuntar a la simpleza. Se eliminan algunas mecánicas bienamadas del original (como puede ser el inventario), y las novedades no acaban de cuajar, como es el caso de los huevos gigantes (una adaptación no muy bien lograda de la mecánica de seta gigante de New Super Mario Bros.).

Al menos, salvando ese detalle y el que respecta a las transformaciones del protagonista (cuyo control mediante giroscopio deja mucho que desear), podría afirmar que el diseño de niveles sí que es capaz de recibir un aprobado con suficiente nota. Quizá no tan inspirado como el del resto de entregas (y especialmente notorio después de haber jugado al casi perfecto Yoshi’s Woolly World), pero sin abandonar del todo la calidad de la casa. En detrimento, sí que he de subrayar que muchas ideas no están todo lo aprovechadas que debieran, algo que me da algo de pena visto el no excesivamente alto número de niveles.

Eso sí, la dificultad ha bajado drásticamente, pero completar todos los niveles al 100% sigue siendo un verdadero reto. Aún tendremos que hacernos con las cinco margaritas y las veinte monedas rojas escondidas en el nivel. Además, para completarlo todo, habremos de vencer cada una de las fases con la vida al máximo, por lo que dará para horas de perfección de nuestra técnica.

Donde sí que tengo una queja mayúscula es en el apartado musical. Ya no porque pasemos de las cajas de música infantiles y la música tranquila (bueno, todo lo que pueda permitir la ambientación) a algo que roza lo molesto con instrumentos como el mirlitón (para los del sur, el pito de carnaval), sino porque el noventa por ciento de la banda sonora del título es el mismo tema remezclado una y otra vez. Y es que, como diría James Rolfe, ¿qué demonios estaban pensando? Como melómano del videojuego pocas veces me he visto obligado a desconectar el sonido a lo largo de una partida, pero este título lo consiguió a las pocas horas. Quizá le daba una segunda oportunidad al rato, pero una nueva versión del tema principal salía para burlarse de mí.

En resumen, hablamos de un título que me ha terminado dejando un sabor agridulce. Está lejos de la altura del original a pesar de todos los esfuerzos que hace por que rememoremos esa época, pero no es mal juego. Pero, ¿y lo que podría haber sido?


6
Yoshi's New Island
Lo mejor
  • Un juego simple y entretenido
  • Sudarás tinta para alcanzar el 100%
Lo peor
  • Banda sonora especialmente poco inspirada
  • Las buenas ideas no se aprovechan lo suficiente