Reseña: ‘Los Juicios Escolares’ #2

Sin relación alguna con CAPCOM
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Ya hace unos meses que os hablé del primer tomo de Los Juicios Escolares (Gakkyuu Hotei学糾法廷), la apuesta de Norma Editorial por los juicios más locos que se hayan dado fuera de California (y con eso quiero decir Japón. Oh, espera, este manga transcurre en Japón). Y es que es inevitable seguir trazando similitudes entre la obra de Nobuaki Enoki y Takeshi Obata con las locas y disparatadas aventuras judiciales que escriben Shu Takumi y sus sucesores.

Como es menester en todos los tomos que se reseñan ya entrada la serie vais a poder encontrar spoilers de diversos grados de gravedad, especialmente de números pasados. Así que nada, hora del disclaimer de siempre y de un enlace a lo grande hacia el artículo del primer volumen:

Como ya dije en su momento, el primer tomo se cerraba justo en medio de un arco argumental; se habían puesto las bases para el caso de turno y la acción en los tribunales comenzaba a fraguarse, pero de golpe y porrazo me hicieron esperar. Así que tuve que revisitar las páginas antiguas para ver cómo comenzó un caso de… ¿Drogas camufladas como ingredientes de patatas fritas?

Y es que las apuestas habían subido desde el anterior tomo, cuyas acusaciones no iban sobre temas tan serios. Vale, sí, descuartizaron un pez y el trasfondo de la obra nos hablaba sobre una treintena de asesinatos teniendo lugar en un aula. No sé, quizá sea esa dualidad entre lo pútrido del ser humano y la sacarina de una obra en la que las fiscales pueden vestirse de magical girl y los castigos del juez consisten en dar vueltas al campo de fútbol.

De hecho, ese tema comienza a tomar cuerpo a lo largo de las páginas del segundo número de Los Juicios Escolares. A pesar de que exista la necesidad de imponer tribunales para niños de doce años, está claro que es un mundo totalmente distinto al de los adultos. No existen esos sentimientos tan oscuros (de hecho, algunos simplemente están contentos con tener la razón), es más fácil perdonar una vez que la verdad sale a la luz, no es necesaria tanta agresividad para salir adelante… Los adultos empiezan a darse cuenta. Incluso a envidiarlo.

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Sin darme cuenta, y juicio tras juicio, todo empieza a colocarse en su lugar. Un nuevo abogado que parecía conocer a Inugami desde antes, una aparición de un fiscal adulto que se mueve en otro tipo de círculos, nueva información sobre el incidente de la tutoría sangrienta… Todo en un envoltorio de humor que sabe mantenerse a la altura y que sin duda es capaz de captar mi interés página a página y, por supuesto, con un dibujo precioso.

Desgraciadamente, también sigue arrastrando problemas que ya estaban presentes desde el principio. En la anterior entrega me quejaba de que el ritmo era precipitado, y no es algo que haya cambiado para este tomo. Quizá se toman más tiempo en desarrollar las historias, pero también cuentan con más contenido, por lo que sigue dándose el mismo ratio. Además, las conclusiones de los casos son demasiado rápidas y, a pesar de dar suficiente material en retrospectiva para averiguar qué ha ocurrido, siempre se deja información que hubiera sido vital para que el lector uniese cabos por sí mismo, de forma que llegamos a la verdad de una forma artificial y no tan orgánica como suele ocurrir en los (y perdón por insistir con las comparativas) Ace Attorney.

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Ahora bien, si había algo que me molestaba ligeramente a la hora de la primera reseña, aquí se ha salido de madre: el fanservice. Y es que hablando de niños de primaria tengo que sentirme muy incómodo al ver la innecesaria y clichetástica escena de desfile de bañadores. Porque, si bien se justifica un episodio de piscina en base al litigio del arco, el texto tiene que salirse de sus raíles para aclarar que a las chicas dejan traer los bañadores que quieren de casa como excusa para debatir de forma interna qué mamellas son las más atractivas. Algo que me hace sentir doblemente alienado. Primero, por intentar hacerme partícipe de las fantasías onanísticas de un grupo de prepúberes Y, segundo, porque las formas y proporciones femeninas de las modelos no son para nada prepúberes. Pero en absoluto.

En resumen, el ecuador de Los Juicios Escolares acaba siendo un más que el primero en todos los aspectos, pero eso es algo que no siempre es positivo. Pero si te ha gustado cómo comienza y se plantea la historia, y si te gustan las locuras, el humor y el mundo que crea, este manga sigue siendo para ti.

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Los Juicios Escolares
Lo mejor
  • El dibujo sigue siendo digno de mención
  • Un humor loco que no deja de merecer la pena
  • Los claroscuros de la ambientación narrativa
Lo peor
  • El fanservice supera lo ofensivo
  • Las conclusiones tienden a ser demasiado rápidas



  • Yer

    Y sin embargo, pese a ser una obra menor, a mí me ha resultado trememendamente entretenida y con bastante contenido^^