Reseña: ‘Trinity Blood’ # 1

¿Te lo habías planteado alguna vez...?
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Allá por el 2001, Sunao Yoshida empezó a publicar dos series de novelas ligeras con el título de Trinity Blood (トリニティ・ブラッド). Ambas están ambientadas en la misma Europa futurista divida entre los reinos humanos sometidos al Vaticano —en sí, Europa occidental— y el resto que se encuentra bajo el control de los Vampiros. R.A.M. (Rage against the Moons) y R.O.M. (Reborn of the Mars) cuentan por un lado las historias de los agentes especiales del Vaticano y, por otra, la de una joven monja llamada Esther.

En 2004 salió a la venta la adaptación de la historia al manga de manos de Kiyo Kyujo, que respetaba los diseños de las novelas ligeras de Thores Shibamoto. Al año siguiente saldría también un anime. Aunque los tres contaban la misma historia, esta es diferente en cada formato y en especial desde la defunción en 2004 del autor. Tristemente, no pudo seguir la adaptación al manga de su novela, aunque debió participar en el proceso ya que el primer tomo nos incluye un comentario suyo sobre el tema.

¿Te lo habías planteado alguna vez? Las personas comen vacas o pollos. Vosotros os bebéis la sangre de esas personas… Entonces ¿cómo no iba a existir algún ser que se alimentarse de vuestra sangre?

Así pues, este manga trata la historia de Esther, una monja huérfana y el padre Abel Nightroad, un enviado del Vaticano, enfrentados a los vampiros. En realidad deberíamos hablar de matusalenes y terrícolas, términos que nos dan pistas de una clara herencia humana de los vampiros y a la vez de un contexto de ciencia ficción. Porque si algo está claro es que, aunque se juegue con elementos bíblicos comos los ángeles y el estilo de los personajes sea elegantemente gótico, esto no es fantasía. Uno de los coprotagonistas es un cyborg, sin ir más lejos. Así que estamos ante un mundo futurista donde dos especies no consiguen coexistir porque una es la presa de la otra.

Pero lo cierto es que los datos no están muy claros y la idea más básica la conozco de las novelas. Según lo que se nos presenta, el lugar donde vive Esther, Istvan, está bajo el control del aristocrático vampiro Gyula. Tanto ella como su amigo Dietrich forman parte de una organización terrorista —que nunca llegamos a ver— decidida a destruir el control de los vampiros sobre el lugar. Por su parte, el atractivo pero torpe y aparentemente estúpido Abel llega a la parroquia de San Matías para investigar las acciones de Gyula, que podrían poner en peligro al Vaticano. Las cosas no son lo que aparentan y desde la primera página se nos deja claro que Abel, como su nombre indica, es algo superior. Algo capaz de beber la sangre de los propios vampiros y superarlos en su terreno.

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Trinity Blood tiene muchas virtudes y muchos defectos concentrados en un único tomo. Entre las cosas malas he de señalar que la acción está tan apretujada en las sobresaturadas viñetas que a veces es realmente difícil entender qué está sucediendo. La traducción también es confusa y en ocasiones he tenido que releer dos o tres veces la página para situarme. También falta información. Sabemos que hay vampiros, humanos y que el Vaticano es una gran organización. Pero los vampiros quedan completamente descontextualizados: Gyula, por ejemplo, no parece ser más que un noble local pero tiene control sobre un inmenso satélite capaz de destruir una ciudad. Evidentemente es algo que se desarrollará a la larga, pero tal y como dispone el manga, se siente como una caída sin frenos en un mundo del que no sabemos ni entendemos prácticamente nada.

No solo eso sino que en un mismo tomo, que no da realmente tiempo a encariñarse con los personajes, se nos presenta dos historias personales —las de Gyula y Esther— que tratan de demostrar que humanos y vampiros no son tan diferentes, una traición que debería dolernos aunque apenas sí hemos visto al personaje, así como una misteriosa Orden cuando todavía ni sabemos cómo está organizado el mundo. Muchas cosas se sienten apresuradas y seguramente habrían sido más coherentes y firmes si antes hubieran permitido una exposición del mundo y el comportamiento de los personajes y sus respectivas culturas.

Y hablando de los personajes, estos posiblemente caen en demasiados clichés o, más bien, los repiten hasta extremos innecesarios. Pero parece que tendremos que acostumbrarnos a ello, en especial con Abel, que pasa de una encantadora y ridícula torpeza a ser un impresionante monstruo que se las apaña para mantener un aire de santo. Esther sorprende como deuteragonista pues da la impresión de que vaya a ser uno de esos personajes del primer episodio de anime que se usan para presentar la historia y poco más. Quizás se deba a que le falta un desarrollo más claro de su pasado o a que en principio su personalidad es olvidable: buena, ingenua pero capaz de dar puñetazos. Nada del otro mundo. Pero quién sabe, puede que en el futuro nos sorprenda.

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Por otra parte, entre sus virtudes, encontramos un diseño mejorable pero muy característico e inconfundible. El cuidado de los trajes, sin llegar al extremo del horror vacui de Thores Shibamoto, es impresionante y tiene un gran gusto por una estética llamativa. Se juega bien con los trajes cristianos sin que resulten aburridos y el aire sensual y agresivo no se siente fuera de lugar, conjugando bien una idea muy básica de catolicismo y el clásico vampiro sediento de sangre pero elegante y seductor. Y es que la mayoría de los personajes son muy atractivos. Cuando Abel va a morder a un vampiro, hasta se puede jugar con unas escenas que encantarán a las fans del shonen ai y el yaoi.

En cuanto a la edición, Norma Editorial ha hecho un buen trabajo. Las portadas son vistosas y por dentro incluyen diseños de los personajes además de comentarios de Sunao Yoshida y Kiyo Kyujo. La traducción es algo floja y en ocasiones no tenía muy claro quién hablaba, aunque es posible que se deba a la distribución de los bocadillos. En cualquier caso espero que sea algo que vaya solucionándose.

Así pues, ¿es recomendable? Bien, la historia es larga y solo estamos al principio. Que el novelista haya fallecido y por tanto el guión tenga que ser libre a partir de cierto momento puede causar desconfianza. Con todo, creo que el mundo y los personajes son lo suficientemente prometedores como para darle una oportunidad. Hay vampiros, hay disparos, hay dilemas sobre el Bien, el Mal, organizaciones siniestras y «racismo» en medio de darwinismo y también un dibujo elegante que puede mejorar mucho con el tiempo.

Desde luego, no tiene mala pinta aunque el inicio podría haber sido mucho menos caótico.

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Trinity Blood #1
Lo mejor
  • Diseño de personajes
  • Originalidad en género
  • Vampiros
Lo peor
  • Acción algo caótica
  • Es difícil comprender a la primera todo lo que sucede
  • La traducción no es la mejor



  • Nyoru

    El manga de Trinity Blood tiene su intringulis… Empieza realmente caótico, toda la razón. Es más, los primeros tomos son bastante pesados y hay momentos en los que deseas que termine la saga de una santa vez porque te estás durmiendo… Pero de pronto todo empieza a mejorar. El dibujo pega un cambio asombroso, la historia se vuelve realmente interesante y la narrativa mejora muchísimo.
    No sé si esto se debe a la ausencia de Sunao Yoshida o qué, pero lo cierto es que a Trinity Blood hay que darle cierto cuartelillo para disfrutarla. Es una gran obra, desde luego.

    • Suzume

      Leí poquitos tomos hace tiempo, así que ahora estoy redescubriendo el manga y me gustaría seguirlo hasta el final. Recuerdo que la historia no me interesó en sí hasta que salió Ion, cuando ya empezamos a ponernos serios, y ahora he estado mirando por encima nuevos diseños y sí que han mejorado mucho. La verdad es que le tengo ganas y, sea por que el señor Yoshida ya no está o porque se cobra confianza en la obra, me alegra que vaya a mejorar con el tiempo.
      ¡Gracias por comentar!