Reseña: ‘Pokémon Oro, Plata y Cristal’ #2

La experta de las capturas
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Y es que el manga de los monstruos de bolsillo no deja de darnos  de qué hablar. Tras el final de la saga de Negro y Blanco nos toca dar un salto hacia atrás hacia un tiempo en el que la extensión de la pokédex era manejable. Hablo, como todos podíamos suponer, de Pokémon Oro, Plata y Cristal, arco argumental del que ya comenzamos a hablar en esta misma casa un tiempo ha.

Y, como es habitual, es mi labor daros un aviso de que a lo largo de esta reseña encontraréis una buena sartenada de spoilers de los acontecimientos tanto de este manga como de Pokémon Rojo, Verde y Azul como de Pokémon Amarillo dado lo interconectadas que se hallan las historias. Así que,  como siempre, os remitiré a los anteriores artículos si queréis saber algo de algún tomo en especial o al primero de todos si queréis una visión más general sobre la historia.

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Aun así, creo que lo primero que debería destacar de este tomo es algo que el lector avispado reconocerá rápidamente: Mato, el que hasta entonces había sido el dibujante de las adaptaciones de la franquicia, se baja del barco para ceder su puesto a Satoshi Yamamoto (al guión sigue como siempre Hidenori Kusaka, eso sí). Eso tiene un impacto inmediato en la forma de percibir la obra a nivel visual; si bien ya sabemos que el destino es muy positivo en base a lo que hemos leído de arcos posteriores, el diseño de personajes en los primeros capítulos de este tomo se nota ligeramente fuera de lugar, como imitando el estilo caricaturesco con el que se estaba experimentando sin llegar a un resultado del todo satisfactorio. Por suerte, es algo que no dura demasiado tiempo y termina obteniendo personalidad propia en los últimos compases del recopilatorio.

Y es que ése no será el único cambio de plantilla para el cómic. Siguiendo el final de la anterior entrega y la desaparición tanto de Oro como de Plata, alguien tiene que tomar su lugar narrativo, y ésa será Cristal, la primera protagonista femenina para la franquicia (si bien Verde se basa en los diseños del libreto de instrucciones de los títulos originales), que se presentará como una experta en capturar monstruos de bolsillo para el gozo de Samuel Oak.

De hecho, he de subrayar muy positivamente la introducción del personaje. En contraste con el resto de entrenadores neófitos, Cris ya cuenta con una experiencia notoria en el ámbito del entrenamiento Pokémon. Y, sin duda, una muy contrastable. Sin muchos problemas, es capaz de encerrar en cápsulas rojiblancas (o de otros colores en función de sus necesidades, ya que sabe elegir la más adecuada) a hordas completas de monstruos que le amenacen gracias a su especializado equipo. Por tanto, no es difícil para ella ir completando la Pokédex.

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No, al menos, hasta que los perros legendarios hacen acto de presencia. Suicune, como en la historia original, resulta ser un dolor de muelas por lo mucho que se mueve de un sitio a otro (y al menos éste se quedaba quieto después de encontrarle un puñado de veces, que ya recordamos con desdén a sus hermanos), por lo que se permite robar para sí mismo el foco de la historia y ver, poco a poco, cómo los entrenadores más poderosos se enfrentan a él.

Con distintas artimañas y muestras de poder (en unas batallas que son capaces de estar a la altura del resto de la obra, dinámicas y siempre provistas de interés), es capaz de zafarse de líder de gimnasio tras líder de gimnasio para acabar en un segundo encuentro con la protagonista y el prestidigitador Eusine, que también sigue la pista al singular monstruo. Por desgracia, aunque para los críos de la época bastara con lanzar una buena cantidad de distintas balls hasta que se diese por capturado, el poder de la imaginación narrativa juega en contra del bando protagonista, que no contento con tener que asumir la derrota, se lleva un buen trauma que le impide hacer el mejor uso de sus habilidades por el camino. Pero tranquilos, un flashback y un entrenamiento hacen que todo vuelva a su status quo.

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Pero eso nos ayuda a ahondar más en su pasado, en cómo ha llegado a ser la poderosa entrenadora que ha demostrado ser a lo largo del tomo. Y eso es algo muy positivo, ya que construye un poco más sobre el carisma tanto del personaje en sí como de su equipo de criaturas, que si bien no adquieren identidad propia más allá del Chikorita de Elm que quería unirse a sus compañeros de laboratorio, son capaces de trabajar como una única entidad compleja, algo que no se deja de agradecer.

Todo esto, claro está, salpicado de guiños al videojuego y docenas de ideas inteligentes. En esta saga, más que nunca, el mundo parece vivo. Los combates, los gimnasios y el ser el mejor sigue siendo parte de él, pero es capaz de contar una historia donde no tiene por qué ser instrumental ni el rasgo definitivo de la obra, mostrando un poco de variedad que a menudo los fans echábamos de menos.

Además, Pokémon Oro, Plata y Cristal es capaz de funcionar en conjunto tan bien como lo hacen los videojuegos. A pesar de que muchas cosas son nuevas, muchas cosas son diferentes y la acción sucede en la región contigua, es el mismo mundo más allá de los nexos obvios. Y eso hace que funcione así de bien.

Pokémon Oro, Plata y Cristal #2
Lo mejor
  • La nueva protagonista es un soplo de aire fresco
  • No tenemos la misión de ser el mejor que habrá jamás
Lo peor
  • Se nota mucho el cambio de dibujante